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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 416

ELLIOT

Me levanto de la silla, los muslos tensos, sintiendo sus resoplidos apresurados sobre mi abdomen, sus uñas clavándose en mis nalgas, la estrechez de su garganta vibrando alrededor de mi polla.

Cierro los ojos a un paso de caer, de venirme, ya la imagino tragándose toda mi corrida.

“Grrr, joder, no puedo más, Kath, mi hembra…” Mi lobo aúlla excitado, forzándome siempre al cambio.

Veo a Katherine llevarse la mano entre las piernas, de rodillas, subiendo su vestido obscenamente.

Sé que se masturba mientras me da placer, puedo olerla y escucharla en mi mente.

Ella se acaricia el coño imaginando que son mis dedos y su cabeza baja y sube de mi firme entrepierna.

Su boca lujuriosa me trabaja hasta arrojarme por el precipicio.

—Nmmm… sí, me vengo, Kath… me vengo… —gruño entre dientes como una bestia, acelerando mis embestidas, de pie frente a ella, apretando en un puño su cabello.

Mis bolas pulsan llevando mi semilla al exterior… tan placentero y liberador… tan… tan…

«¡Voy a buscar a mi mamá al despacho, seguro está con papá!»

Se escucha la voz de Lavinia muy cerca, sus pasos corriendo por el pasillo y llegando a esta habitación.

Todo pasó en un maldito segundo donde la manguera ya estaba abierta y regando, los dientes de Katherine, del nerviosismo, se cerraron sobre mi polla a punto de arrancármela.

La empujé hacia el hueco del escritorio y me senté en la silla con un estruendo, la cabeza abajo y las manos en el rostro.

*****

NARRADORA

La doncella corría detrás de la Srta. Lavinia, que entró de golpe al despacho olvidando tocar la puerta, para luego recordarlo.

—Oh, lo lamento, padre Duque —se quedó estática al ver al hombre mirando a la mesa, sus manos cubriendo su rostro, solo se veía su oscura cabellera.

Toc, toc, toc.

Lavinia tocó tardíamente por si acaso, aunque ya estaba adentro.

A pesar de suavizar su relación con el Duque, aún le tenía mucho respeto.

—Lo lamento, excelencia, la niña andaba buscando a la Duquesa.

—No está aquí —la voz del duque se escuchaba rara. ¿Se estaría resfriando?

—Oh, gracias, papá, la busco en otro sitio —Lavinia se marchó como mismo llegó, animada y corriendo por el pasillo.

Desde que su madre no era una tirana, parecía más una niña normal.

—Su… su excelencia, ya que puedo verlo y no encontramos a la duquesa, quería preguntarle dónde preparamos finalmente las habitaciones de los huéspedes —se atrevió a preguntarle, arrepintiéndose al instante.

El Duque ni la miraba, juraría que estaba hasta temblando, sus hombros se sacudían y los músculos se veían tan tensos.

A su vez, Katherine observaba a la anaconda mustia y herida, con las marcas de sus dientes como tatuajes de guerra.

Comenzó con una risa femenina disimulada, el retumbar del pecho de Elliot, hasta acabar en una sinfonía de risotadas por las cosas tan locas que les sucedían a los dos.

—¡¿De verdad estabas llorando?!

—¡¿Qué tú crees?! ¡Literal, casi me la arrancas! —Elliot le rugió negando con la cabeza, en medio de su risa ahogada, burlándose de él.

Diosa, con ella cada día era una excitante e increíble aventura.

Si su locura era contagiosa, entonces deseaba estar encerrado en el mismo manicomio que esta orate.

*****

Una caravana de tres carruajes, tirados por caballos, se acercaba cada vez más a la capital del ducado.

“Cariño, ¿estás seguro de esto? Aún no me lo puedo creer.” Nora miraba a su alrededor con nerviosismo, abrazando a su hijo.

La niña en brazos de su esposo, sentado frente a ella. Todo le parecía tan lujoso y fuera de su alcance.

¿De verdad el Duque de Everhart era ese hombre?

¿Por qué los había contratado para trabajar en el castillo?

No podía quitarse de la cabeza que esto era una trampa…

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