NARRADORA
Katherine miraba la escena animada en el comedor, los aprietos de las familias invitadas.
Aunque se habían ido relajando, era obvia su incomodidad en muchas cosas.
Lo hablaron y vivirían en unas casas cercanas al bosque y bajo el amparo del castillo.
Las mujeres ocuparían puestos importantes bajo la administración de la Duquesa, como su apoyo.
Cuando llegó la hora de dormir, Katherine ya los había dejado acomodados en el ala de los invitados, con la servidumbre a su orden.
Pasó a ver a Freya, que seguía convaleciente, pero mucho mejor.
Entonces recordó el cofre y le preguntó por él.
—Creo que lo vi una vez, me pareció que tu madre lo abrió con una piedra igual del mismo material —le respondió la anciana acostada en la cama, arropada y con un vendaje en la cabeza.
Lavinia se acababa de marchar después de leerle.
Katherine se quedó con esa duda.
Tantas cosas habían sucedido, que no tuvo tiempo para examinar ese objeto.
Al fin llegó a su habitación en penumbras. Elliot seguía en el despacho bebiendo con los hombres y charlando.
Se le veía tan relajado… Kath se alegraba de que hubiesen encontrado a personas como ellos, sin tener que fingir todo el tiempo.
Caminó primero al baño, ya la doncella le había preparado la tina hace poco.
Se recogió el cabello, desnudándose, y se sumergió hasta el cuello, dando un gemido de placer por lo relajante del agua.
Hoy había sido un día para recordar, sobre todo, cierto incidente donde casi mastica y se traga el chorizo de su Duque… qué pecado capital.
Saliendo del baño con el ropón ancho puesto, se sentó frente a la cómoda y abrió la gavetita, sacando el pequeño cofre, similar a un joyero.
Le dio vueltas por todos lados, intentó forzar la tapa… nada de nada.
Los rebordes dorados y finamente trabajados brillaban hermosamente, como el ópalo oscuro de la cobertura, pero nada que se abría.
Entonces pensó en el tema de la sangre.
Buscó con prisas una aguja y se pinchó el dedo para derramar unas gotas sobre la superficie.
Enseguida, una tenue luz brilló en el frente y comenzó a formarse una depresión, como una cerradura en forma redonda.
Katherine la cargó pegándolo a sus ojos, examinándolo mientras se chupaba el dedo para detener la sangre.
Esa forma, ese color… le recordaban a otro objeto: el collar que tenía su hermana y le dio a Elliot.
—¿Ahora qué hago? —colocó el objeto un poco derrotada sobre la mesita.
En eso, la puerta de entrada se abrió.
Katherine tomó el cepillo y se hizo la que estaba en lo suyo, sabiendo muy bien que su Duque se acercaba.
Su presencia dominante enseguida estuvo detrás de ella, inclinándose sobre su espalda y oliendo profundamente su cuello.
Las manos toscas se metieron desde atrás y masajearon lentamente sus generosos pechos por encima de la suave tela.
—. Como viste, nuestras tierras colindan y casi lo asesino. Le tuve piedad cuando recuperé el raciocinio y luego apareció con su collarcito barato a chantajearme, me dijo que tenía más pruebas.
—No lo creo —Kath pensó en eso.
—. Yo revisé todo en la casa y esa mansión vieja. Pienso que el collar era de mi madre, ella debió mostrarle cómo hacerlo y él lo usó para guardar tu secreto y chantajearte.
Al final, ataron los cabos y estaban muy cercanos a la verdadera historia.
Elliot fue a buscar el collar, que por suerte no había tenido tiempo de destruir.
Al colocar la piedra, encajó perfectamente en el agujero.
Sentados en la cama, una luz oscura, repentina, fugaz, se derramó del interior del cofre del tesoro al ser abierto.
—¿Un viejo diario? —Katherine miró con desilusión el librito desgastado en su mano.
Más grueso y antiguo que el que Freya le había dado, que apenas parecía una agendita.
Abrió con cuidado el lomo de cuero desgastado en rojo, viendo el contenido de las páginas amarillentas.
Elliot, pegado a su espalda, miraban todo con curiosidad.
—¿Entiendes el lenguaje? —le preguntó examinando los garabatos.
—Sí, parece ser el mismo código que nana me dio, pero aún es difícil para mí, debo descifrarlos con calma —le dijo hojeando con cuidado las páginas.
Algo cayó de repente, un pedazo de cuero doblado y atado con una cinta roja.
Katherine estiró la mano para tomarlo…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...