NARRADORA
Katherine lo fue desenvolviendo y se hacía un poco más grande. Lo colocó sobre el colchón frente a ella.
—Parece una ubicación, quizás de alguna parte del reino —la Duquesa examinaba los trazos y dibujos finamente pintados sobre el antiguo pergamino.
Los bordes irregulares y desgastados daban la sensación de que había sido arrancado un trozo de un mapa mucho más grande.
—No reconozco este sitio… Bueno, tampoco es que hubiese salido mucho…
—Yo sí —Elliot le dijo de repente, extendiendo el brazo y moviendo la pieza sobre las sábanas claras
—. He estado aquí, es el paso de las montañas entre el Ducado de Thesio y el mío, un lugar… escalofriante y peligroso.
Elliot lo reconoció por algunos detalles.
—Elliot, mira, parece señalar un camino dentro de esas montañas —Katherine tocó con el dedo una línea en rojo que serpenteaba por el dibujo, pero estaba incompleta.
—Es demasiado peligroso ese sitio. No sé por qué, pero hay algunos espectros de Su Majestad pululando, tuve que escapar de uno —Elliot frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué está aquí señalado? ¿A dónde lleva este mapa?
Las preguntas de Katherine se quedaron en el aire.
No sabían, pero probablemente las respuestas estaban en ese pequeño diario que la Duquesa debía descifrar.
Lo menos que podían imaginarse era que tenían a un vampiro peligroso, justo detrás de los secretos escondidos por sus antecesoras brujas.
*****
UN MES DESPUÉS…
NARRADORA
Las cosas iban acomodándose en el castillo del Ducado de Everhart, cada uno adaptándose a su función, depurando lo que no funcionaba y reemplazándolo por algo nuevo y confiable.
Freya logró recuperarse gracias a la sangre dada de buena voluntad por las mujeres lobo.
Pasaba el día bordando y vigilando a Lavinia, enseñándola a ser una señorita de bien.
Todo parecía tranquilo, demasiado tranquilo, hasta que una tarde…
—Brenda me envió una nota secreta, quiere que nos veamos en privado —Elliot le confesó a Katherine, pasándole el papel por encima del escritorio.
La Duquesa lo examinó con una mueca de desagrado en la boca.
—¿Qué quiere esa mujer? ¿Crees que ya va a tomar acciones? —le preguntó, colocando la nota de nuevo sobre la mesa.
—Sí, me da la corazonada de que desea una alianza —Elliot asintió
—. Sabe que una mujer viuda, aunque se quede como Duquesa y aunque tenga al próximo heredero varón, aún es vulnerable.
Esa era una realidad.
Los demás Ducados enseguida pondrían los ojos sobre su tierra y las guerras internas de ocupación también existían.
—¿Ella estará embarazada del Duque? —Katherine pensó—. Debe ser el caso, si no, no se atrevería a asesinarlo.
—Creo que todo eso lo podemos comprobar —Elliot le dijo poniéndose de pie.
—¿Irás entonces a reunirte con ella? —los celos se filtraron por las palabras de Katherine.
Elliot sonrió cómplice, con ganas de fastidiarla un poco, pero el brillo peligroso en las pupilas de la hechicera, lo hicieron frenarse de hacerse el chistosito.
—No seas tonta, nena, vas conmigo. El trato que sea, que lo hable frente a mi representante.
—Gracioso —Katherine le palmeó el pecho al escuchar sus burlas.
Elliot la besó en la boca apasionadamente, siempre con deseos locos el uno por el otro.
Lo mismo que se imaginaban.
Ella pretendía deshacerse de Thesio.
—Brenda, ahórrate las lágrimas. Lo que te haga Thesio en la intimidad son tus asuntos privados. Lo importante es: ¿qué quieres de mí?
Elliot cortó la retahíla de quejas que no le interesaban y fue directo al grano.
Algo lo estaba inquietando demasiado.
Vorath estaba insufrible y queriendo salir, a pesar de que habían quedado de acuerdo en no exponerse a la loba de Brenda.
Algo en el ambiente se sentía asfixiante, una amenaza parecía acechar en las sombras y cerca de su mate.
Eso no les gustaba a ninguno de los dos.
—Quiero que seamos aliados, que digas que me tomas bajo la protección de tu Ducado, y a cambio puedes apropiarte de parte del territorio —le propuso un acuerdo bastante beneficioso para el Duque.
—Elliot…
—Dime Duque —la rectificó, porque ya más le valía apaciguar a la fiera a su lado o dormiría hoy en el potrero.
—Duque —repitió entre dientes—, solo quiero sobrevivir y no ser atacada por otros nobles. Déjame algunas tierras, dinero para llevar una vida de comodidad y el resto te lo quedas.
—Si estuvieras embarazada, te sería más fácil mantener el Ducado…
—No quiero, no quiero un hijo de esa bestia —respondió bajando la cabeza “afligida”.
No le compraron ni un ápice de su mentira.
¡BAM!
De repente, la ventana al lado de Katherine se abrió y una fría ráfaga de aire entró haciéndolos estremecerse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...