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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 420

NARRADORA

Los ojos de Kath se vieron atraídos por una sombra más allá, en el bosque, al lado de un álamo.

Parecían ojos intensos que la devoraban, afilados rubíes. El aura dominante casi se extendió hacia ella, pero de repente…

—Duquesa, levántate, ya nos vamos —Elliot la tomó del brazo y la hizo incorporarse, sacándola del trance.

Cerró la ventana de golpe y su mirada se fijó en el mismo punto que Katherine; sin embargo, ya no había nadie.

—¿Qué? ¿Qué sucede? ¿Hay algún problema? —Brenda se incorporó visiblemente nerviosa, a pesar de pretender disimularlo.

—Nada, no tengo nada más que pensar. Acepto tu propuesta.

—¿Ah, sí? —casi no se creía que Elliot lo fuera a aceptar tan fácil, pero claro, igual era un pastel caído del cielo para él.

—Qué bien, sabía que me ayudarías. Muchas gracias, Elliot… digo, Duque, por acordarte de los viejos tiempos.

—Precisamente porque me acuerdo de que alguna vez nos apoyamos…

Elliot se giró de repente para enfrentarla, colocando a Katherine detrás de su ancha espalda.

— Es que te voy a decir algo muy claro, Brenda.

La miró con frialdad, y la mujer encogió el cuello con algo de temor.

No sabía qué, pero su loba le advertía que este hombre tenía un aura mucho más peligrosa que la última vez que lo vio.

—Si de verdad quieres cooperar, mientras me convenga, cooperaremos, seremos aliados. Pero en el momento que me quieras joder a mí o a mi familia, te destrozaré, ¿entiendes?

Dio un paso adelante y Brenda retrocedió, aguantando el temblor en sus manos.

Los caninos de Elliot se veían peligrosos.

—Thesio nunca representó una verdadera amenaza para mí, pero si tú te conviertes en una, no te tendré piedad.

—Elliot, yo no…

—Vámonos —ni siquiera la dejó terminar antes de salir por la puerta, con la mano de su Duquesa fuertemente agarrada.

Brenda apretó tanto los músculos de la mandíbula que creyó que se le romperían los dientes.

En un ataque de furia lanzó los aperitivos al suelo. Pocas veces había sido tan humillada.

De repente, la ventana volvió a abrirse y una fría niebla se coló, tomando la forma de un apuesto y alto hombre que le acarició la mejilla.

—Tranquila, pequeña lobita, tranquila —Salvatore delineó la línea de su mandíbula.

—Ese maldito de Elliot me las va a pagar también. ¿Crees que te pudo sentir? —le preguntó de repente, temerosa.

Por un segundo le dio el presentimiento de que Elliot lo había descubierto espiándolos desde el bosque.

419. EXCESO DE CONFIANZA 1

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