NARRADORA
La noticia de que el Duque Thesio había muerto en una cacería, comido por lobos salvajes, se extendió como pólvora por todos los Ducados cercanos y más allá.
Enseguida, ojos codiciosos miraban hacia la “pobre” viuda con poco apoyo del ejército de Thesio y mucho oro y tierras que repartirse.
Era como quitarle el dulce a un niño, ni siquiera había tenido tiempo de engendrar a un heredero, así que la corona no se metería aunque protestara.
Ovidio Pensival enseguida se puso en contacto con el general del difunto Thesio para atraerlo a su lado, prometiendo todo tipo de beneficios.
Era un hombre nuevo, apenas llevaba un tiempo tras la muerte del anterior general, así que tenía más amor por el dinero que por proteger a la mujerzuela que se trepó en la cama de su ex amo.
Pretendieron dar el golpe desde adentro y el mismo general le abriría las murallas de la ciudad a Ovidio antes de que llegase la competencia.
Todo muy bonito, pero no contaban con que ya se le habían adelantado.
Brenda le avisó a Elliot cuando iba a ejecutar a Thesio y, desde la noche anterior, debajo de cada piedra, taberna y resquicio, había personas del ejército del Duque de Everhart.
*****
Esa mañana, el cementerio detrás de las tierras del castillo se vio de repente rodeado.
Apenas habían bajado el cadáver frío del Duque en el féretro, la tierra aún fresca, su viuda “llorando afligida”, y se escuchó el relincho de caballos que rodeaban a los presentes en el entierro.
—¡Ríndase sin protestar, Duquesa, y le daré la oportunidad de vivir! —el general, con un prominente bigote, se bajó del caballo pinto y caminó todo heroico hacia donde estaba los discretos dolientes.
La misma Duquesa lo había preferido así, una ceremonia discreta y esa fue su perdición.
Los ojos amenazantes del bigotudo fijos en Brenda, que “temblaba” de miedo.
—¡¿Qué está haciendo?! ¡Esto es traición! ¡¿Cómo se atreve a rebelarse?! ¡Yo soy ahora la cabeza de familia…!
—¡CÁLLATE! —le rugió, y ya los diez soldados que venían con él habían descendido, acorralando a las personas que asistían al entierro.
La mayoría eran mujeres con mantos negros en la cabeza, llorando en voz baja y la mirada hacia el suelo.
—¡Dame la llave de seguridad de la muralla! ¡El mayordomo me dijo que te la habías robado! ¡¿Dime dónde la tienes?! —avanzó hacia ella con la clara intención de revisarla burdamente.
Estaba apurado, había perdido un tiempo valioso al enterarse de que cerraron las puertas de la muralla sin su permiso y que la llave maestra, además, la tenía esta cualquiera.
—¿A esta llave te refieres?
Brenda de repente dejó de llorar y sacó, con actitud desafiante, el colgante escondido dentro de su escote, donde una gruesa llave dorada se ocultaba.
—A esa misma. ¡Me la das por las buenas o arrancaré tu cabeza y te la quitaré igual!
Sacó la espada y la apuntó a su cuello, con clara intención de asesinato, pero algo en la mirada de la Duquesa lo desconcertaba.
¿Por qué no se veía asustada?



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...