NARRADORA
Avanzaron alrededor de 100 hombres, armados y listos para la pelea, para dar guerra hasta el final… un final, que llegó demasiado pronto.
Los ojos de Ovidio brillaron codiciosos al ver las enormes y reforzadas puertas abrirse, pero su expresión se convirtió en asombro y pánico al descubrir la temida carga de caballería que venía hacia ellos.
Jinetes veloces con una expresión asesina y, frente a ellos, con la espada goteando sangre en la mano enguantada, el Duque sanguinario de Everhart, ese hombre despiadado y sin corazón.
A su espalda, se alzaba la ciudad ardiendo en llamas tras la lucha contra los miembros rebeldes del ejército de Thesio.
Sin embargo, Ovidio también era un líder y, después de pasar el asombro, vio que Elliot contaba con menos hombres que él.
—¡Luchen con valentía, no retrocedan, no retrocedan! —gritó, sacando pecho, infundiendo valor a sus soldados acobardados.
Pero susto fue el que se llevó, al mirar atrás, galopando en la carrera y se dio cuenta de que tampoco podían retroceder aunque quisieran.
El resto del ejército de Everhart avanzaba por las montañas del este, como una plaga que llega y arrasa, con el general Vittorio al frente.
Estaba acabado.
Elliot levantó la espada, listo para intercambiar con el otro noble, incluso para matar si se resistía.
Sin embargo, el olor a miedo y rendición, le dijo que su despliegue de fuerza había acobardado a Ovidio.
—¡Nos rendimos! —capituló el otro Duque entre dientes; el odio al mirar a Elliot era evidente.
¡¿Cómo lo hizo, maldit4 sea?! ¡¿Cómo logró ser tan rápido e infiltrar la ciudadela?!
—Entonces, para dejarte ir a salvo y no tomar tu vida en la guerra, requiero como botín… —Elliot comenzó a pedir sin piedad, desgarrando las arcas del otro Ducado, debilitando sus caballos de guerra y armamento.
Ovidio estaba que se moría del coraje.
No solo perdió el dominio de estas tierras, sino que Elliot Everhart ahora se aprovechaba para arruinarlo.
Se los llevaron como prisioneros de lucha, hasta que no fuese entregado el rescate.
El caballo azabache indomable galopó a la redonda, delimitando las fronteras de las murallas, mandando un mensaje claro a los ejércitos apostados y escondidos un poco más allá.
Las dos patas delanteras del equino se elevaron en el aire; el hombre sobre él se veía tan poderoso, indomable.
Su cabello oscuro brillaba con las luces de la mañana, sus ojos fríos lanzaban claras advertencias.
“Ahora soy incluso más poderoso, más fuerte. Atrévete a querer tomar lo que es mío y perderás la cabeza.”
Obviamente, se retiraron, y el Ducado de Everhart pasó a un nivel superior en las mentes de todos.
Parecía invencible.
Sin embargo, nadie podía sobrepasar el poder de la familia real, y pronto el Ducado más sobresaliente se vio envuelto en una seria amenaza que lo puso en la mira del Regente.
*****
UNOS DÍAS DESPUÉS…
—Elliot, lo fui a investigar —Aldo le dijo sentándose en el sofá y bebiéndose el trago de golpe.
—¡Espera, Lavinia! ¡Te voy a atrapar! —unas risas se escucharon por encima de la escalera.
Una niña iba pasando, corriendo feliz, y detrás de ella, la juguetona Duquesa, con los brazos extendidos para capturarla.
El vestido burdeos flotaba detrás de ella, la piel sonrojada por la carrera, el cabello suelto coquetamente, los pechos generosos siempre levantados por el estrecho corsé.
Katherine se quedó congelada en el rellano del segundo piso al ver que había un invitado inesperado.
Los ojos falsos “oscuros” de Salvatore casi cambiaron a rubíes al verla, devorándola intensamente.
Había anhelado volverse a encontrar con esta mujer desde aquella vez fugaz en la taberna.
Tuvo que disimular mucho para no traslucir sus verdaderos deseos pecaminosos.
Tan hermosa, tan viva, como Bella, como su Bella.
Pero Katherine no lo miraba a él, sus orbes estaban fijos en el lycan al lado del “inspector real.”
Mierd4, ese tipo jugaba con fuego, con la cadena de la bestia…
Vorath estaba a punto de sacar su aura asesina y saltarle a la yugular si seguía mirando así a su hembra.
¿Será que Elliot aguantaría llevar a cabo sus planes?
Katherine bajó casi corriendo las escaleras porque presentía que, si no apaciguaba a su hombre, le rompería en cualquier momento “las nueces” al chupasangre y se las haría tragar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...