KATHERINE
—¡Lavinia, hija, sigue jugando con las pequeñas! —le ordené a mi hija, que se perdió por el pasillo entre risas.
Agarrando mi falda con fuerza, bajé las escaleras casi volando sobre los peldaños alfombrados.
Podía sentir claramente el peligro en el ambiente, la atmósfera tensa, así que me acerqué a mediar.
—Buenos días —saludé al hombre elegante que había llegado y me paré al lado de Elliot.
En un segundo tuve su mano posesiva agarrando mi cintura.
—Mi esposa, la Duquesa de Everhart —me presentó, aunque era obvia mi identidad con el despliegue de posesividad que hizo.
—. Cariño, él es el inspector del palacio, enviado por el Regente.
—Bienvenido a nuestro ducado, señor…
—Ambrus, Ambrus Max —estiró la mano luego de decir ese nombre que estaba más que convencida era falso.
“¡NO LO TOQUES!”, el rugido me llegó a través de nuestro vínculo de pareja, haciéndome estremecer.
—Oh, disculpe mi grosería, estaba jugando con las niñas y tengo las manos con barro —escondí enseguida mis manos en puños cerrados.
El brazo pasado por detrás de la espalda de Elliot, se movió sutilmente, acariciándolo en suaves círculos.
Creo que, si no fuese porque necesitábamos asegurarnos de no levantar las alarmas del palacio y de que este vampiro tenía la parte del mapa que necesitábamos, ya aquí mismo su cabeza estaría rodando por la moqueta.
—Bueno, no se preocupe, yo también vengo sucio del polvo del camino —me respondió dando un asentimiento sutil y recogiendo su saludo.
Disimuló hablando algunas cosas con Elliot.
El hecho de la preocupación por una criatura sobrenatural asesina.
Maldito hipócrita y mentiroso, si Elliot no fuese un lycan, nos hubiese colado todo ese cuento y nosotros pensando que sería de verdad un inspector.
¿Cómo lo hizo para traer esa insignia real que enseñó?
O era falsa y de muy buena imitación, o simplemente se la quitó a un inspector real, al verdadero Ambrus Max, que quizás sí fue mandado a investigar desde el palacio por sus asesinatos premeditados.
Es más, seguro por eso lo hizo tan al descaro, sabía que enviarían a alguien para husmear y él lo estaba esperando para suplantarlo.
Pobre Ambrus Max, a saber donde dejó el cadáver.
En cualquier caso, este juego de astucia y engaños no duraría mucho. Pronto tendríamos que avanzar.
—Disculpe la interrupción, excelencia, pero hay un problema que necesita de la inmediata presencia de ambos —escuchamos la voz de Aldo y sus pasos que se acercaron.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...