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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 426

KATHERINE

Estaba fuera de control, sus caninos peligrosos rozando mis pechos. Sabía que hasta que no le diera lo que necesitaba, no pararía.

—Mmmm, no, no, aquí no, cariño. Estoy muy pegada a la puerta, Vorath… sshhh, espera, mi lobo…

Le supliqué al ser penetrada por dos dedos, adentro y afuera, adentro y afuera…

Sentía mis propios fluidos salpicar entre mis muslos; su boca chupaba mi cuello, ardiente y desesperada.

—Nena, necesito montarte ahora, ¡joder, lo necesito! —Elliot gruñó, mitad bestia y humano.

La dureza de su polla restregándose contra mi vientre, sus manos callosas y toscas se aferraron a mis nalgas.

—Ábreme la bragueta y sácame la polla, voy a cargarte, Kath, por favor… —jadeaba cachondo contra mi boca, nuestras frentes sudadas unidas, el calor del deseo derritiendo nuestras voluntades.

—Ven, ven —lo empujé como pude.

Sin dejar de tocarme, lo arrastré hasta el piano, donde me giré de espaldas a él y subí mi falda con total indecencia, sosteniéndola en mi cintura.

Mis nalgas y sexo solo estaban cubiertos por la braga chueca y toda húmeda, que enseguida me quité yo misma, dejándola arremolinada en mis tobillos, sobre los botines.

—Ven, tómame, márcame como quieres. Soy tuya, Vorath, Elliot, soy tuya… mmmm —me incliné hacia el piano, con las piernas separadas.

Sentía su mirada depredadora sobre mi intimidad que abrí con mis dedos para ellos.

Escuché el sonido de los botones siendo quitados entre gruñidos desesperados, el susurro de la tela.

Mi vientre cosquilleaba. Diosa, mis labios vaginales salivaban de la expectativa.

Gemí, alzando la cabeza y arqueando la espalda, empinando el trasero, al sentir el roce de la firme punta arriba y abajo, pintando a lo largo de mi raja, esparciendo nuestros fluidos de amor.

—Aammmnn… —me llevé la mano a la boca al ser empalada deliciosamente por esa gruesa polla que me enloquecía.

Sobre el piano cerrado, me apoyaba en los codos, mis pechos casi por fuera del vestido, estimulándose sobre la pulida madera, mientras Elliot me follaba tan rico que mi mente parecía borracha de éxtasis.

Se acostó sobre mi espalda, su mano apretada posesivamente en mi garganta, haciéndome vibrar cada vez que embestía mi vagina hasta el fondo.

Dos dedos se colaron en mi boca, y los chupé como una cualquiera, como siempre que este lycan me devoraba y me consumía en la más caliente lujuria.

El piano empezó a vibrar, notas discordantes se escuchaban abruptamente.

Mis nalgas chocaban con ritmo contra sus muslos. De repente, una de mis piernas fue subida al borde para abrirme aún más.

“Aaaahhh, demasiado profundo… mmm, cariño, estás tan duro… Elliot, sshhh, mi Duque, mi hombre… aaahhh, sí, sí, joder, sí, no pares, justo ahí, bebé, ahí…”

Enloquecí en su mente cuando apuñaló ese punto que me haría venirme en segundos, tan intenso, tan delicioso.

Rugía dentro de mi cabeza como una fiera y me montaba como tal, puro fuego y el olor a sexo salvaje llenando el ambiente.

“Katherine, eres mía. Di que eres mía.” la voz lobuna y gutural me habló.

“Lo soy, lobito. Soy tuya para siempre, mi lycan posesivo”, le respondí.

La caricia en mi mente me dijo cuán satisfecho estaba al fin.

—¿Y yo? ¿Solo eres de mi lobo? ¿Solo lo apaciguas a él? ¿No me quieres a mí? —Ajá, si no salía el otro Don Celoso, no eran mis compañeros. Aquí vamos.

—Cariño, sabes muy bien cuánto te amo. Me bajo la braga por ti donde sea. ¿Qué duquesa decente hace eso? —le dije medio en broma, apoyándome en los codos, el trasero aún en pompa, y girando mi cabeza para mirar la línea masculina de su mandíbula.

—Solo yo te puedo ver con la braga abajo, Katherine. No es solo mi lobo; te juro que si ese tipo te toca aunque sea un dedo…

—Elliot no, amor, no. Dijimos que íbamos a ser más inteligentes que ellos. No te dejes provocar —acaricié su cabello y lo halé hacia mí.

Su rostro ceñudo pegado al mío, nuestras respiraciones aún apresuradas mezclándose.

Amaba tanto a este hombre, todo de él, incluso este lado de animal salvaje.

—Sabes muy bien que él me va a buscar, y no por ningún interés amoroso. Va a intentar engañarme por el mapa, Elliot. Nosotros debemos robarle su parte y sacarle todo lo que sabe —le dije y dudé por un momento, mirando a las profundidades de esos ojos azules que me fascinaban.

—¿Qué sucede? ¿Te duele? Ya está bajando… mueve la pierna…

—Elliot, voy a salir embarazada —decidí soltar la noticia, así, sin mucho preparativo.

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