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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 429

KATHERINE

Luego de ese encuentro en el jardín, a pesar de los berrinches de Elliot y Vorath, los logré convencer de que mis pasos fueron los más acertados.

Debíamos crear una brecha para darle confianza y que hablara o haría otras cosas más extremas.

Al final, un día, quedamos “en secreto del Duque de Everhart” para yo presentarlo con la Duquesa Viuda.

*****

—Agradezco mucho todo este esfuerzo que está haciendo para ayudarme. Me temo que el Duque no tiene mucho tacto con las mujeres —me dijo sentado frente a mí.

Estábamos en la misma taberna que Brenda nos citó para que él nos espiara.

—Elliot está muy ocupado, solo por eso no le ha podido prestar mucha atención, Sr. Max. Las relaciones con la Duquesa Viuda también son un poco… complicadas… —le dije, dándole una sonrisa algo incómoda.

Como era un forastero, supuestamente, se hacía el que no sabía que Brenda fue la amante de mi marido.—Bueno, beba un poco de vino. Lo probé y está delicioso —muy atento me sirvió en la copa.

Cuando voy a tomarla, sus dedos se demoran unos segundos y acariciaron los míos con sutileza.

Me da repelús todo esto y me estremezco, pero no de placer, sino de miedo, por el gruñido bajo que retumba en mi mente.

Diosa, si este vampiro no estuviese más atento a flirtear conmigo que a buscar el peligro, ya nos hubiese descubierto.

Llevo la copa a mi boca y bebo, o al menos, es lo que le hago creer a él.

Será muy vampiro, pero no es un hechicero.

Es cierto que aún soy una novata en esto de la magia, pero bien alimentada por un lycan poderoso y aprendiéndome algunos trucos de ese diario y el librito, ya no soy la Katherine desvalida.

Él, como siempre, se queda mirando cada uno de mis movimientos.

Juraría incluso que una sonrisa maniática se dibuja en la esquina de sus labios cuando me ve “tomando” este líquido embrujado.

Conozco lo que hizo, lo aprendió de Bella y no sé por qué tuve el fuerte presentimiento de que lo utilizaría.

Supongo que su espíritu lleno de desamor me susurra al oído.

La puerta se abre de pronto y bajo la copa.

Como no podía ser de otra manera, llega la última actriz de este gran teatro.

—Duquesa de Everhart, buenas noches, me llegó su invitación. ¿De qué se trata todo este asunto? —Brenda pasó al interior del privado en la taberna.

Sus manos enguantadas fueron a quitarse el velo negro de encaje sobre su cara, la viuda consumada. Hipócrita.

—Ex Duquesa, este es el Sr. Max, inspector del Regente. Quiere hacerle algunas preguntas y me pidió ponerlos en contacto, porque no se conocen, ¿cierto?

—Por supuesto que no —parada en la entrada lo miró directamente a los ojos—. Nunca en mi vida había conocido a este caballero.

Dijo así, sin siquiera pestañear. Diosa de los sobrenaturales, qué tipo de lacra salió de tus creaciones.

Se sentó en la mesa y fingieron todo el tiempo hablar de los casos.

Yo estaba a punto de bostezarles en la cara y pedirles pasar directo a su mentira.

Finalmente, llegó el momento.

—Duquesa, necesito hacerle una pregunta y que sea totalmente sincera conmigo. Usted, ¿cómo se llama? — el vampiro me preguntó de un momento a otro, inclinándose hacia adelante.

Sus ojos profundos cambiaron a rojo, fijos en los míos, llenos de compulsión y control.

—¿Mi nombre? Yo… yo me llamo… Rose… Katherine, me llamo Katherine —confesé la verdad, lo que él deseaba escuchar para comprobar que el hechizo que me puso en el vino estaba funcionando.

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