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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 430

SALVATORE

La sangre me hervía en las venas, estaba tan excitado por muchas cosas.

Por esa mujer que me encantaba, su mirada desafiante, esos labios carnosos e incluso hasta la misma delantera que Bella.

Era como si nunca se hubiese ido, como si ella…

Nunca me hubiese traicionado. ¡Sí que me traicionó!

¡A nuestros sueños, todo por lo que nos arriesgamos juntos! Nunca tuvo el derecho de tomar esa decisión ella sola.

Cuando no pudo abrir la grieta con su hechicería, aún quedaba otro método para fortalecerla.

¡¿Qué me importa la muerte de unas cuantas cucarachas elementales?! ¡10, 100 o miles, me daba lo mismo!

—Pasar más allá podría ser peligroso —la voz de Brenda me sacó de mis pensamientos turbulentos.

Miré la entrada como la boca de una bestia, el cañón que se perdía entre todas esas montañas.

Me tiembla el cuerpo de solo recordar lo que viví aquí la última vez, casi muero.

Pero en esta ocasión sería diferente, con ella…

Miré a mi lado a Katherine.

La llevaría conmigo cuando se abriese el pasaje, sería mía, lejos de ese chucho y, obviamente, ya tres personas, éramos multitud.

—Katherine, ¿puedes recitar este encantamiento? Ayudará a ocultar nuestra energía vital de los espectros y criaturas salvajes —le entregué otro de los papeles que había arrancado y robado de ese diario.

Al menos, en eso me adelanté a Bella.

—¿Este? —señaló con el dedo, mirándome con esos ojos inocentes.

¿Cómo se vería mientras se corría? ¿Sería igual de apasionada que Bella?

—Sí, pequeña, este. ¿Lo puedes entender? —me acerqué a susurrarle, aspirando su colonia tan fresca y deliciosa.

—Dame, dame un minuto…

—Los que quieras —le dije respirando su mismo aire.

“Pronto, si todo funciona, si puedes hacer el encantamiento, te robaré para mí.”

—Señor “inspector”, venga acá un momento —la voz sarcástica de Brenda me taladró el oído.

Qué inspector ni inspector, si sabía muy bien que había emboscado y asesinado al verdadero Sr. Max.

Oculté mi mueca de disgusto, el olor a celos se sentía en el aire, flotando como veneno.

—Dime…

—¿Necesitas un pañuelo para que recojas la baba que casi dejas caer en sus tetas? —me susurró apartándonos a un lado, mientras Kath se familiarizaba con las runas mágicas.

—No me digas que vas a hacer una escenita justo ahora —puse los ojos en blanco con fastidio.

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