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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 432

KATHERINE

Nos giramos para verlas marcharse, sin embargo, yo fui dando pasos atrás, separándome de ellos dos, y mientras eran atravesados por la marea de depredadores, les quité la protección.

Como mismo se las di, obvio que se las podía retirar.

Qué iluso ese Salvatore, al final fue un pobre idiota que tuvo la bendición de ser amado por una hechicera talentosa.

Le enseñó unos pocos trucos de magia y ya se creía un experto, incluso pensando que me tenía controlada con su súper poder.

“Zanareth lûmen val’shara, tesh al’morath ven’dorei.” Recité en mi mente y mis ojos se iluminaron en la oscuridad con destellos dorados en mis pupilas.

“La protección que les he concedido, ahora regresa a mis manos.”

Estiré mi brazo y atrapé la luz que se evaporó de sus cuerpos.

En un segundo, todo cambió y comenzó el pandemónium.

Las hienas olieron de nuevo la carne, estaban famélicas, así que regresaron a la cacería.

La aguda risa sonó en las entrañas del paso montañoso y los carnívoros comenzaron a rodearnos, o más bien, a rodearlos.

—Espera, ¿qué es esto? ¡¿Qué hiciste, bruja?! ¡Aaahhh! —Brenda fue la primera en gritar cuando una hiena se lanzó desde las alturas a por su cabeza.

Se transformó en el acto en su loba y comenzó a luchar por su vida, metida en la jauría de bestias excitadas.

Vi a Salvatore sacar una especie de arma de su mano, parecían dagas que resplandecían afiladas bajo la luz de la luna.

El olor a sangre y los rugidos comenzaron a filtrarse con la matanza, mientras él luchaba diestramente contra una y otra hiena que intentaba arrancarle un trozo.

Sería un vampiro poderoso o lo que sea, pero ellas los superaban en número.

Agarré mi falda y corrí hacia un sitio más elevado; quería ver todo el panorama.

¿Dónde estábamos exactamente? ¿Cerca del sitio marcado en el mapa?

Debía reunirme con los míos y esperar, para recuperar los documentos del bolso que llevaba Salvatore.

Sin embargo, una sensación de urgencia me erizó todos los pelos de la nuca.

Miré hacia atrás y vi una loba rabiosa salida de ultratumba.

Sus caninos goteaban el líquido carmesí, un ojo cerrado por heridas de garras; parches de su piel se veían en carne viva por las mordeduras.

Aun así, logró saltarse el cerco de las hienas.

Era tanto su odio que, en vez de ir a por su socio traicionero, prefirió, como siempre, ir por el eslabón más débil.

—¡Eso te crees, estúpida! — exclamé invocando mi magia,

La sentía recorrer mis venas hasta el pecho, donde la temperatura aumentaba y aumentaba, subiendo por mi garganta como lava ardiendo.

Mis ojos castaños cambiaron a dorados resplandecientes, mi puño se cerró sobre mi boca y rugí el vapor de mis entrañas con todas las fuerzas de mi corazón.

El encantamiento de fuego salió de los labios entreabiertos en llamaradas feroces que impactaron de lleno contra la loba de Brenda.

—¡Aaaauuuu!

Entre la nube de humo que se levantó por el fuego, escuché el aullido doloroso de la loba, sin embargo, nunca imaginé que Brenda, hasta los últimos momentos, intentara asesinarme.

Parece que no le asentó muy bien que le haya quitado la atención de dos hombres.

Retrocedí al ver la sombra de su cuerpo en llamas, saltar desde la cortina de humo, su gruñido rabioso retumbaba en mis oídos.

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