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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 433

NARRADORA

Salvatore tuvo que salir a la fuerza de su asombro.

Cuando la enorme bestia con el aura asesina más sangrienta que había visto jamás se le abalanzó desde las alturas, no le quedó más remedio que luchar por su vida.

Ni siquiera lo había olido cerca, él, un ser superior.

Las venas del musculoso brazo se hincharon, latiendo con todo su poderío. Vorath esgrimió sus garras como armas mortales para desgarrar al vampiro desprevenido.

Parecía el fin de Salvatore, sin contar con tiempo para huir.

¡La sombra de la muerte se le venía encima!

Un rugido estremeció el cañón y, a centímetros de la cabeza del enemigo, decenas de murciélagos se desintegraron chillando en el aire.

El ataque del lycan se quedó en la nada, pero Salvatore no podía engañar a la nariz de Vorath.

Las patas poderosas retumbaron en el suelo, levantando el polvo cuando el pesado depredador cayó desde el risco.

Los ojos rojos miraron el cuerpo del vampiro convertido en decenas de murciélagos que volaron lejos de su amenaza.

Pero nada podría salvarlo.

Arrojándose hacia esa dirección, a una velocidad vertiginosa y con las fauces abiertas, Vorath cerró la poderosa mandíbula en el aire, acabando con la ilusión.

El sonido de un siseo doloroso se escuchó en la noche; Salvatore, forzadamente, tuvo que volver a su cuerpo físico.

Los murciélagos se hicieron niebla, desvaneciéndose en el aire.

Entonces comenzó la verdadera lucha.

Sin embargo, el vampiro sabía que no era rival para un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con esa bestia.

Katherine estaba escondida detrás de la piedra, esperando, aguardando su momento.

Apenas y podía seguir con los ojos la pelea a toda marcha, en medio de la oscuridad.

La luz de la luna cada vez se ocultaba más detrás de las nubes de tormenta que pasaban apresuradamente.

El mundo pareció tornarse en negro y sombras peligrosas, el aire se viciaba, opresivo.

El olor metálico y la sangre fresca salpicaban sobre las piedras, más la de Salvatore, que cada vez perdía mayor velocidad, esquivando una y otra vez los ataques mortales del lycan.

No le quedaba duda, este monstruo no era otro que el Duque de Everhart.

Hasta el último momento, esa idiota de Brenda lo jodió con la información equivocada y él le creyó sin verificar más a fondo.

—¡AAAHH! —rugió cuando los caninos se cerraron sobre su brazo, inmovilizándolo.

Vio de cerca los ojos rojos que le helaron la sangre.

—Sabía muy bien que vendrías por mí, y aquí el único que pagará todo lo que hiciste, serás tú —las palabras cínicas y viciosas de Katherine se vertieron en sus oídos.

No importa cuánto deseara escapar, no podía.

Miró hacia abajo para ver brillar unas runas ocultas en el suelo, justo bajo sus pies; ella lo había engañado con su trampa.

—No, no, ¡no! ¡Déjame ir, Bella, DÉJAME IR! —en su ataque de pánico confundió el pasado con el presente.

Esos ojos marrones llenos de burlas… era ella, la encarnación de su ex amante.

—¡AAHHHH! —Salvatore rugió cuando las garras afiladas se abrieron paso desde su espalda hasta su corazón.

Toda su lucha fue en vano; nunca pudo moverse de su posición.

Katherine lo sostenía mientras Vorath perforaba su cuerpo.

Una extremidad oscura y sanguinolenta, la mano de una bestia, salió por el agujero en el pecho de Salvatore.

Su mirada incrédula y llena de dolor, aún miraba obsesionado al rostro que una vez amó tanto; sin embargo, se negaba a morir de esa manera.

No después de esconderse todos estos siglos, de traicionar y engañar, de hacer lo que fuese necesario para sobrevivir.

Si él se tenía que ir, se los llevaría con él.

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