Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 434

NARRADORA

Katherine miró la sonrisa retorcida que apareció en el rostro agonizante del hombre, una mala premonición en su mente.

“¡Aléjate de él, Vorath! ¡Va a hacer algo! ¡ALÉJATE!”

El gigantesco lycan sacó la mano, esparciendo los restos del pecho abierto de Salvatore.

Sin pensarlo un segundo se abalanzó sobre Katherine para protegerla, él también sintió el peligro y no le daría tiempo a correr.

Enredó su cuerpo como un escudo sobre su hembra y la bruja tuvo que liberar el hechizo control sobre el vampiro moribundo.

De repente chillidos espeluznantes se alzaron sobre la tierra, se esperaban una explosión de energía, algo arrasador, sin embargo, jamás se les ocurrió que Salvatore utilizaría sus últimas energías solo para mandar un mensaje.

Señalar una localización, una luz en medio de la oscuridad que diría claramente, «Aquí hay criaturas sobrenaturales suculentas para drenar»

Katherine presenció, a través de un resquicio que el pelaje le dejaba ver, como el cuerpo del vampiro se desintegró en cientos, quizás miles de pequeños murciélagos.

Era una nube de calamidad sobre ellos, que chillaban y chillaban, haciendo doler los oídos casi al punto de sangrar.

Solo duró unos segundos y parecieron siglos.

¡BOOM!

Explotaron como tinta en la noche, como lluvia oscura que se evaporó en la nada antes de caer sobre la tierra.

Fue el último truco de poder del vampiro Salvatore.

Había vivido tanto para este momento y, al final, solo le esperó la muerte.

“Creo… creo que terminó todo.”

Katherine se atrevió a murmurar, acariciando el pelaje de su macho, cerrando los ojos, abrazada a él.

Vorath deseaba olerla, tocarla para sentirla viva, cargarla y regresar a casa, pero estaba lleno de sangre. Primero saldrían de este maldito lugar.

Sin embargo, antes de que pudiesen ponerse en movimiento, luego de suponer que habían sobrepasado la pesadilla…

“¡Elliot, tienen que salir del cañón, estamos en el bosque, pero lo vemos desde aquí! ¡Espectros, espectros se mueven en su dirección!”

La voz de Aldo infiltró sus sentidos.

Todos los músculos del cuerpo de Vorath se tensaron, el pelaje se erizó, el temor más que nada por la seguridad de Katherine.

—¿Qué suce…? —las palabras de Kath se le quedaron atascadas en la garganta.

En un segundo, Vorath la había arrojado detrás de su espalda.

Gruñía amenazadoramente frente a él.

—No, no… —tartamudeaba la hechicera, con el sudor frío corriéndole por la espalda cuando miró hacia arriba, hacia los riscos y las cimas de los farallones.

Era como si sombras gigantescas los estuviesen mirando desde las alturas, sus manos llenas de garras, como dagas, mucho más grandes que las de Vorath, se aferraban a los bordes mientras se inclinaban hacia abajo.

Parecía que todo sus poderes sobrenaturales sería engullido en el siguiente segundo.

La bruja intentó sacar la supuesta protección, pero ya de nada le servía.

A estas alturas, habían sido descubiertos.

Estas no eran hienas ni animales salvajes; eran depredadores mayores, espectros.

Un sentido de urgencia se prendió en su mente.

Bajó de la cama y corrió descalza en medio de la noche.

La casa estaba a oscuras, la mayoría de la servidumbre retirada, la alfombra amortiguaba sus pequeños pies.

Nunca entraba a la habitación de los Duques sin llamar, pero esta vez simplemente tomó el picaporte y abrió el cuarto, pasando al interior.

—¿Mamá? ¿Padre Duque? —llamó con algo de temor, atravesando la antesala.

Las puertas del balcón se abrieron de par en par con un ruido estridente, haciéndola gritar del susto. Afuera, un relámpago alumbró la noche y fue como el detonante de la tormenta.

Lluvia torrencial comenzó a caer del cielo sobre las tierras de Everhart.

—¡Mamá, papá! —Lavinia corrió hacia la habitación interior, se arrojó sobre las sábanas frías, la cama vacía y el pánico atenazó más su corazón.

Su pesadilla… esas criaturas horribles, ¡todo se haría realidad!

Entonces, un haz de luz destelló desde la cómoda de la Duquesa.

Con lágrimas rodando sin detenerse por sus mejillas, Lavinia se acercó y abrió la gaveta.

Adentro estaba el colgante, lo había visto algunas veces en las manos de su madre.

«Úsalo, Lavinia, úsalo.»

Voces se vertieron en su mente, irreales y apremiantes, etéreas y hermosas.

Con las manos temblándole, Lavinia tomó la cadena que parecía quemar en sus dedos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación