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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 436

NARRADORA

Lavinia, desmayada en los brazos de Elliot convertido en humano, y Katherine, aferrada también al pecho del hombre lobo, ambos de rodillas.

Heridos y más allá del agotamiento, pero vivos, muy vivos.

Bajo la lluvia, Katherine miró a los ojos azules de su hombre y se fundieron en un abrazo con todas sus fuerzas, besando luego como loca la frente de su hija.

Descubriendo el colgante en el pecho de la pequeña.

Más o menos se hacían una idea: esto era magia, la magia de Lavinia los salvó.

Un encantamiento de transmigración. Lavinia era especial, como Bella.

Katherine no había sido la heredera de esa magia única, como se creía, sino su hija.

Las gotas de lágrimas de Kath se confundían con la lluvia.

—Ya, amor, ya finalizó, ya —Elliot la consolaba.

Sin embargo, en su interior, él y Vorath no estaban tan tranquilos como pretendían.

Miró hacia el cielo a través del diluvio.

Era casi imposible que su majestad no hubiese sentido todo ese disturbio de poderes sobrenaturales.

A veces no sabía si a él simplemente no le importaba nada.

Nunca había escuchado que el Rey Espectro interviniera en ningún asunto del reino; él solo existía, suspendido en resentimientos y su propio mundo de tinieblas… esperando… acumulando fuerzas y sobreviviendo, alimentado por su odio.

Pero, ¿quién sabía si cambiaba de idea? Si decidía que ellos ya eran una amenaza.

¿Y escapar? El Duque se dio cuenta de que no era tan sencillo; parecía una utopía perseguir lo que decía el diario.

Casi mueren y ni siquiera llegaron al punto crítico.

Elliot se levantó cargando al estilo princesa a Lavinia.

Katherine se aferraba aún al bolso de cuero; no podía perderlo después de tantos sacrificios.

Entraron a la casa y escucharon enseguida el sonido de los pasos apresurados provenientes de las esposas de Tomas y Aldo.

Ellas habían ordenado retirarse temprano al servicio a sus habitaciones, sabiendo que hoy se llevaría a cabo una operación delicada.

Elliot no esperó, además de sus fachas, subió enseguida para dejar a Lavinia en su habitación.

Katherine se quedó a apaciguar un momento a las mujeres, preguntando por sus machos.

Luego también llegó Freya, colocándose un chal sobre los hombros, ansiosa y al saber que Lavinia había desaparecido del castillo, justo bajo su nariz, hacia un lugar tan peligroso, casi desfallece.

— Nana, Lavinia nos salvó la vida, si no fuese por ella, hubiésemos muerto ahí, nosotros… — Katherine se llevó la mano a la frente, balanceándose hacia delante.

— ¡Katherine! - Freya se atrevió a decir su nombre mientras la sostenía, los miembros de la manada conocían ya su verdadera identidad.

—¡Señora! — las otras mujeres también ayudaron cuando casi se va de bruces, con mareos y viendo borroso frente a sus ojos.

—Yo la sostengo, solo está agotada —Elliot había bajado corriendo los escalones justo a tiempo para verla desfalleciendo.

—Lavinia…

—Cariño, ella está bien, solo repone energía, se sobrecargó mucho —le respondió alzándola en sus brazos, con una manta que apenas se envolvió en el cuerpo.

Pero, ¿dónde? No había escondite seguro dentro de esta maldición.

Sin embargo, cuando más desesperado estaban, al otro día llegó un mensajero desde el palacio real.

Lejos de lo que imaginaba el Duque de Everhart, que sería una sanción de muerte o la investigación por la desaparición del verdadero Sr. Max, se asombró al recibir una convocatoria urgente.

El Regente exigía la movilización de todo su ejército para defender el Reino Elemental en nombre de su Majestad.

Irían a la guerra contra el Reino Sobrenatural.

Las manos de Elliot temblaron al leer la carta oficial.

Entonces, ¿se abriría la barrera impenetrable? ¿Era posible para ellos escapar?

Miles de posibilidades vibraron en su pecho mientras observaba irse a todo galope al mensajero real.

Entró en el castillo corriendo y, a su encuentro, llegaron sus hombres, que habían regresado a salvo por las tierras del pantano.

—¡Aldo, Tomas, lean esto! —les pasó el documento con prisas.

Las manos sucias de Aldo tomaron la carta; veía la emoción en las pupilas del Duque.

En cuanto se enteraron de la noticia, sus ojos igual se abrieron asombrados.

—¿Crees que podremos escapar? —el corazón de Aldo retumbaba con fuerza, contagiándose los tres con la pura adrenalina de poderse liberar de las cadenas de estas tierras.

—Es un camino, debemos estar preparados. ¡Vamos, convoca a Vittorio, nuestro ejército debe estar listo!

Elliot subió las escaleras de dos en dos, el papel quemaba en sus manos, la sonrisa floreció en su boca y la esperanza en su corazón.

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