NARRADORA
Lavinia, desmayada en los brazos de Elliot convertido en humano, y Katherine, aferrada también al pecho del hombre lobo, ambos de rodillas.
Heridos y más allá del agotamiento, pero vivos, muy vivos.
Bajo la lluvia, Katherine miró a los ojos azules de su hombre y se fundieron en un abrazo con todas sus fuerzas, besando luego como loca la frente de su hija.
Descubriendo el colgante en el pecho de la pequeña.
Más o menos se hacían una idea: esto era magia, la magia de Lavinia los salvó.
Un encantamiento de transmigración. Lavinia era especial, como Bella.
Katherine no había sido la heredera de esa magia única, como se creía, sino su hija.
Las gotas de lágrimas de Kath se confundían con la lluvia.
—Ya, amor, ya finalizó, ya —Elliot la consolaba.
Sin embargo, en su interior, él y Vorath no estaban tan tranquilos como pretendían.
Miró hacia el cielo a través del diluvio.
Era casi imposible que su majestad no hubiese sentido todo ese disturbio de poderes sobrenaturales.
A veces no sabía si a él simplemente no le importaba nada.
Nunca había escuchado que el Rey Espectro interviniera en ningún asunto del reino; él solo existía, suspendido en resentimientos y su propio mundo de tinieblas… esperando… acumulando fuerzas y sobreviviendo, alimentado por su odio.
Pero, ¿quién sabía si cambiaba de idea? Si decidía que ellos ya eran una amenaza.
¿Y escapar? El Duque se dio cuenta de que no era tan sencillo; parecía una utopía perseguir lo que decía el diario.
Casi mueren y ni siquiera llegaron al punto crítico.
Elliot se levantó cargando al estilo princesa a Lavinia.
Katherine se aferraba aún al bolso de cuero; no podía perderlo después de tantos sacrificios.
Entraron a la casa y escucharon enseguida el sonido de los pasos apresurados provenientes de las esposas de Tomas y Aldo.
Ellas habían ordenado retirarse temprano al servicio a sus habitaciones, sabiendo que hoy se llevaría a cabo una operación delicada.
Elliot no esperó, además de sus fachas, subió enseguida para dejar a Lavinia en su habitación.
Katherine se quedó a apaciguar un momento a las mujeres, preguntando por sus machos.
Luego también llegó Freya, colocándose un chal sobre los hombros, ansiosa y al saber que Lavinia había desaparecido del castillo, justo bajo su nariz, hacia un lugar tan peligroso, casi desfallece.
— Nana, Lavinia nos salvó la vida, si no fuese por ella, hubiésemos muerto ahí, nosotros… — Katherine se llevó la mano a la frente, balanceándose hacia delante.
— ¡Katherine! - Freya se atrevió a decir su nombre mientras la sostenía, los miembros de la manada conocían ya su verdadera identidad.
—¡Señora! — las otras mujeres también ayudaron cuando casi se va de bruces, con mareos y viendo borroso frente a sus ojos.
—Yo la sostengo, solo está agotada —Elliot había bajado corriendo los escalones justo a tiempo para verla desfalleciendo.
—Lavinia…
—Cariño, ella está bien, solo repone energía, se sobrecargó mucho —le respondió alzándola en sus brazos, con una manta que apenas se envolvió en el cuerpo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...