NARRADORA
Silas miraba obsesionado a la mujer que cabalgaba sobre su cuerpo, dándole tanto placer que lo tenía jadeando y gimiendo de lujuria.
Cada vez que esa funda mojada lo engullía y escupía, creía ver las estrellas y el firmamento entero.
Sigrid se inclinó sobre su pecho y aumentó la cabalgata; sus nalgas rebotaban vigorosas con sus sensuales meneos.
Silas tomó sus pechos tiernos y se los acarició, toqueteándolos lascivamente; se incorporó en un momento, semi sentado, mientras ella se aferraba a sus hombros y se lo follaba deliciosamente.
Abrió su boca y chupó con deleite las rosadas aureolas; su lengua jugaba con los pezones erectos.
El sabor de su sudor lo enloquecía, sus gemidos apresurados y el estremecimiento de su cuerpo cuando se corrió con su polla adentro.
—¡Silas! —Sigrid gimió alto, derramándose, los labios entreabiertos, las pupilas de loba estrechándose; estaba a las puertas de su celo.
Tomó el cabello como rayos de luna y Silas enseguida expuso su cuello mientras la embestía desde abajo, persiguiendo su orgasmo.
—Ggrrr —gruñó entre dientes al sentirla traspasar su piel y beber de su sangre poderosa.
Sus testículos se sacudieron con fuerza y su pene bombeó la semilla para llenar la intimidad de su mujer.
Jadeó y resopló como una bestia mientras se hundía hasta la empuñadura y la escuchaba tragar y tragar su esencia vital.
Llena por los dos lados, tan satisfecha… solo por ahora.
Se abrazaron después de unos segundos.
Silas la envolvió en su pecho, llevándola con él y acostándose sobre la cama.
Su miembro aun pulsando dentro de la suave carne.
—Mmmm, qué rico mi macho… —Sigrid susurró besando sus tetillas, con voz nasal y coqueta.
El Rey solo acarició su cabello corto, tan negro como la noche.
Siempre que terminaban de hacer el amor le quedaba esa sensación agridulce.
Se hundía en las profundidades de su compañera y se quedaba ahí, esperando que ocurriese un milagro para ambos.
Cerró los ojos y la apretó más fuerte.
¿Y si algún día ella decidía que el mundo de dos no era suficiente? Miraría ahora a los cachorros de su madre y pensaría que nunca podría tener los suyos.
—Silas… —la voz suave de la Selenia se escuchó amortiguada por sus músculos.
El Rey Espectro se dio cuenta de que sus pensamientos estaban llegando a su mate a través del vínculo.
—Hoy es la reunión entre los dos reinos, dejé una brecha abierta para tu gente, ¿cómo piensas que saldrá? —cambió por completo la conversación, mirando hacia la ventana de madera rústica.
Afuera, un zorzal cantaba y las ramas se movían con el suave viento.
Las yemas de sus dedos vagaban perezosas por la sexy curva de la espalda.
—Creo que va a ser un desastre —Sigrid suspiró, confesando sus ideas, no queriendo seguir con el tema de las inseguridades de su hombre
—. Sobre todo porque te negaste a ir - se apoyó sobre sus manos en los fuertes pectorales, mirándolo.
—Estabas oliendo muy intenso, no te quería cerca de ningún hombre y menos con tu celo tan cercano —le respondió ronco.
Sigrid se perdía en los dos soles resplandecientes de sus orbes.
—¿Me está queriendo decir que olía a zorrillo, Sr. Rey? —le preguntó con un falso moflete en las mejillas.
La sonrisa en la esquina de la boca de Silas la complació dulcemente.
—Debiste ponerte la túnica de los actos ceremoniales, eres tan acaudalado, ¿por qué no gastas más en ropas un poco menos agresivas…?
—Quinn, ya déjalo —los ojos azules como lagos congelados miraron al lycan frente a él.
—. Si intimido a las hembras de nuestra raza, ¿qué crees que sentirán las elementales? Me dijeron que son más delicadas y sin poderes, ¿de verdad piensas que un traje suntuoso va a tapar estos músculos y tamaño?
Flexionó el brazo donde dos correas de cuero se ataban y Quinn pensó que las reventaría de la presión.
Beof era impresionante, un buen guerrero, leal y, muy a pesar de su enorme constitución, Quinn sabía que en el fondo su amigo tenía un corazón de pollo.
—Bueno, al menos no las alejes intencionalmente, Beof. La Diosa va a crear a alguien para ti, no te rindas —le dijo dándose por vencido con este asunto, al menos por ahora.
Beof miró la niebla oscura que se despejaba fuera de la ventana, dejando campos verdes al descubierto.
Hubiese dado lo que fuera por galopar y no andar como damisela dentro del carruaje, tanto protocolo lo hastiaba.
Ni siquiera sabía para qué el rey lo había obligado a venir si Quinn era el diplomático.
O más bien, sí lo sabía. Beof se pasó la mano por la cabeza rapada.
También le daba la oportunidad de encontrar a la mujer que lo acompañara en su vida solitaria; a la que tanto anhelaba, la que había soñado hasta el cansancio.
Sin embargo, ¿quién querría quedarse con una bestia como él?
Cerró los hermosos ojos azules por un segundo; se quedaría de guardia afuera, mientras Quinn hacía todo el protocolo.
Él no servía para esta mierd4 y lo único que deseaba era regresarse.
Sin embargo, la Diosa era caprichosa y dejaba tesoros escondidos en el lugar más inesperado.
El lycan Beof estaba a punto de encontrar lo que buscó por tantos siglos; pero como si fuese alguna broma cruel del destino, una vez más, tuvo que alejarse de su felicidad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...