KATHERINE
Miraba hacia todos lados de este enorme palacio, un poco tensa.
A pesar de los lujos y de la atención esmerada de las doncellas y mozos, aunque le dije a Elliot que lo acompañaría, tenía miedo.
Porque este es el epicentro del odio hacia los seres sobrenaturales.
—Sus excelencias, qué honor encontrarnos de nuevo —otra persona se nos acercó en el inmenso salón, colmado de la crema innata de esta hipócrita sociedad.
Bebiendo finamente y charlando en voz baja, comenzamos de nuevo la ronda de halagos y nosotros a fingir educación, o al menos yo.
La verdad es que Elliot, fuera de la intimidad de la casa, era un perro sin correa, o más bien, un lobo arisco.
Daba unas respuestas más secas, que me daba hasta lástima con la cara que se les quedaba a los demás invitados.
—La guerra es así, quien llega primero se lo queda y puede estar seguro de que está bien defendido —le respondió al marqués que tuvo la valentía de hablarle sobre las nuevas tierras.
— Le arrancaré la cabeza a quien intente robarme - agregó dando un trago de su vino.
El otro hombre disimuló con una risa algo fingida; era obvio que Elliot le advertía sobre el pedazo de pastel que le robó al duque Thesio.
Ahora estaba revuelta esa zona, todos desmembrando el fértil territorio, del que alguna vez fue el mayor rival de Elliot.
“Nena, ahora llamarán a la cámara de lores. No dejan entrar mujeres, por eso no te quería traer. Te quedarás sola como una hora.”
Elliot me apretó la mano con el ceño fruncido.
“Cariño, nadie me va a comer aquí, tranquilo. Sigo fingiendo y aparentando, ahora soy la Duquesa con más poder aquí, ¿quién se atreve a ofenderme?” —le dije con una sonrisa, besando disimuladamente su mejilla con amor.
Sus ojos celestes intensos me miraron fijamente, destellos rojos en las profundidades; se notaban sus miedos e incertidumbre.
Al final, debió asistir a la reunión cuando fueron convocados.
En un momento, las impresionantes puertas del salón se abrieron y por el pasillo del medio desfiló un hombre apuesto de cabello castaño claro y ojos avellana.
Emanaba poder, como mi mate, posiblemente era también otro lycan.
Caminaba con seguridad y elegancia, a pesar de todas las miradas indiscretas y murmuraciones, algunas no muy agradables y estaba segura de que las escuchaba.
Me parecía increíble que más allá de esa barrera todos fueran como nosotros, seres especiales y vivieran sin miedo.
A su lado, lo acompañaban otras miembros de ese Reino como parte de la comitiva, pero no se sentían tan poderosos como él.
“No lo mires mucho, ojos en tu macho. No quiero que estés viendo a otro lycan” la voz lobuna de Vorath sonó baja en mi mente.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...