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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 448

SIGRID

«El llanto de mi hija, de mi primera hija.

—Silas —suspiré, entrecortadamente, la manta de pelo suave bajo mi cuerpo.

Sentía más fluidos manar de entre mis piernas, el dolor apenas remitiendo, olores intensos rodeaban la cueva.

Un pequeño bultico fue colocado con suavidad sobre mi pecho.

Abrí los ojos para ver a la criatura arrugadita, con el cabello blanco platinado como Silas, tan pequeña, el tono enrojecido de su piel, su boquita diminuta hacia tiernos pucheros con ganas de seguir llorando.

Su naricita se movió, reconociendo mi olor, y con eso se fue calmando un poco.

—Es nuestra lobita, Sigrid. Es tan chiquitita. Ella… ¿está bien? —Silas la miraba preocupado.

Mis hijos se habían adelantado a la fecha prevista, por eso me atreví a alejarme de casa.

Yo también la observé con preocupación. Las oleadas de dolores comenzaban a arreciar.

—Amor, no sé… ¿siento salir leche de mis pechos? ¿Y si la alimen...to? Mnnn —apreté los dientes, casi a punto de gritar; mis otros bebés no iban a aguantar mucho.

¡Necesitaba volver a pujar y pujar!

—Sigrid… —Silas me acarició el rostro y secó mi sudor con el paño dejado al lado—. Daría lo que fuera por soportarlo yo.

—Lo sé, lo sé… pero no te preocupes, yo puedo, yo puedo hacerlo… —confesé para él y para mí.

Nuestra atención volvió a dirigirse a la pequeña, que lloraba de nuevo.

Éramos padres primerizos, en medio de una situación delicada.

Lo vi extender el dedo índice, haciéndose un corte, y lo llevó a los labios rosaditos.

Hice por detenerlo; su sangre era muy poderosa, no sabía si dársela así a la cachorra sería bueno, pero increíblemente mi hija paró de gimotear.

Oliendo el líquido vital, su boquita empezó a alimentarse del índice.

Me asombré incluso al verla sacar unos pequeños caninos de leche retráctiles desde su encía.

¿Cómo era posible si ella acababa de nacer?

—Silas, ella se siente mejor —sonreí a mi mate, que también tenía cara de tonto; al menos ya no lucía tan tétrico.

—Te daré toda mi sangre si es necesario. Solo, nunca más hagas sufrir a mamá, ¿es un trato? —le habló con una ternura que nunca pensé que podría salir de él.

Me quedé observándolo, completamente enamorada hasta la médula.

A pesar de todo. Él había deseado tanto ser padre.

No importaba su momento de debilidad al creer que me perdía, nunca hubiese abandonado a nuestros cachorros, estoy convencida.

Él los amaría más que nadie.

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