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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 449

SIGRID

«Portales de espectros se estaban abriendo en las paredes, como cuando Silas los convocaba desde ese sitio que había creado para ellos.

Manos enormes salían, murmullos excitados, risas frenéticas.

La piel se me estaba poniendo de gallina al sentir la intensa energía oscura que incluso marchitó las flores de Nyx.

—¡Silas, ya basta! —lo miré de nuevo, preocupada, inclinándome hacia las bebés a mi lado.

—No soy yo —me respondió, su cabeza baja, fijo en el pequeño, alzándolo con las dos manos, frente a su pecho.

—El bebé, él, está invocando a mis espectros. No puedo… no puedo controlarlos, se niegan a regresar, han sido llamados por un nuevo amo —confesó; incluso él estaba perdido.

Tomé a las niñas llorando, sosteniéndolas contra mi pecho, hice por moverme hacia ellos.

En un segundo de descuido, todo vibró en la cueva, parecía un terremoto.

—¡Silas! —grité, expandiendo mi magia para protegernos, con miedo a que colapsara el techo, pero destellos de mi energía brillaron en el aire al chocar contra una barrera.

Con los ojos muy asombrados, observé la cabellera negra del bebé que se movía, flotando inquieta, la bruma negra comenzaba a rodearlo.

No podía ver su rostro; Silas lo sostenía frente a él.

Fue el único que heredó mi cabello.

—No temas, nena, todo va a estar bien. Él lo necesita, necesita de la energía oscura. Algunos espectros se unirán a su dominio.

—¡¿Qué?!

No entendí a la primera; luchaba por llegar hasta mi compañero e hijo, apretando a mis cachorras contra la protección de mi cuerpo debilitado.

Los elementos fueron convocados, ráfagas de viento turbulento, llenaron el pequeño espacio.

Con los ojos entrecerrados vi cientos de sombras salir de los agujeros en las paredes, al igual que brea negra burbujeante y volaron para fundirse con… con… ¡mi cachorro!

¿Cómo podía soportar toda esa energía resentida, tan oscura y feroz?

Pero Silas lo sostenía, sus ojos también por completo en negro, su aura rodeando al niño.

Un torbellino de magia espectral comenzó a rodar como un vendaval alrededor de nosotros.

Estruendos y luces de relámpagos se veían en el interior.

Mi familia en el medio, en el ojo de la tormenta, hasta que el cerco se cerró y fuimos engullidos.

Grité el nombre de mi mate a la nada cuando sentí el pico del hechizo.

Increíblemente, las hembras también se habían dormido.

Yo caí sobre la piel manchada con restos del parto, arrojadas a un lado, todo lo demás que había salido junto a los bebés.

Silas había cortado con sus garras los cordones.

Todo tan rústico y salvaje. Sobrevivimos porque somos fuertes, porque el poder de Silas alimentaba el mío y me sostenía.

Unas manos me rodearon con delicadeza; acostado a mi lado, suaves besos cayeron sobre todo mi rostro hecho un desastre.

—No sé… qué decirte, Sigrid, para agradecerte por este momento… yo… —sentía su voz quebrándose un poco; se ocultó en el hueco de mi cuello.

—Es como si hubiese retrocedido al tiempo donde no sabía cómo expresarte mis sentimientos —confesó, y mi mano subió para acariciarlo, mis lágrimas emocionadas de nuevo bajando hasta escurrirse por la línea de la mandíbula.

—Solo que ahí estaba confundido, no reconocía lo que provocabas en este corazón tan roto y marchito. Ahora, estoy muy seguro…

Silas levantó su rostro y me miró de cerca, tan intenso, tan feliz, tan dulcemente tormentoso.

Mi hombre complicado, pero mío, que mata y muere por mí y ahora por nuestros hijos.

Yo lo sé; él me lo demuestra cada segundo de mi existencia.

—Yo te amo, te amo tanto, que no puedo concebir un mundo sin ti, si no estás a mi lado, no soy nada más que odio y dolor —confesó, inclinándose sobre mis labios, nuestras almas hablando por nosotros.

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