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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 450

SIGRID

«—Pero ahora tienes a nuestros cachorros, Silas. Creé una familia para ti, amor. Nunca más estarás solo —acaricié su mejilla afilada.

No dejaba de devorarme con la mirada, sus rendijas entrecerradas como una bestia durmiendo en las profundidades. Nuestra bestia guardián.

—Los tengo y los cuidaré para que nunca nadie les haga daño, para que no sufras por ellos —respondió, y parecía haber más de trasfondo en sus palabras.

—¿Por qué dices eso? ¿Quién quisiera hacerle daño a nuestros bebés? Silas… dime lo que tengas que decirme… —hice por incorporarme, pero él no me dejó.

Me empujó con suavidad de nuevo hacia atrás, mientras tomaba el agua que habíamos recogido del riachuelo subterráneo y empapaba el paño para limpiarme un poco.

—Laziel es especial, como viste —habló en voz baja, concentrado en su tarea.

Mientras él se veía tranquilo, mi corazón retumbaba a punto de salirse de mi pecho.

—No es un lobo, vampiro o hechicero. Como es hombre, supuestamente tampoco debe ser una Selenia —me miró por un segundo, y yo a él, apremiándolo a continuar

—. No sé qué es, pero puede invocar a los espectros. Acabado de nacer, no pidió sangre, ni leche materna; solo energía oscura, esa energía tenebrosa y cruel.

—Lo vi, pero… pero igual, ¿quién le querría hacer daño?

—Sigrid, las personas temen lo diferente y especial. Laziel será un ser muy poderoso. Y lo peor es que, no nos engañemos, yo no soy bueno…

—Silas, no digas eso. Las circunstancias…

—Mi pasado, los abusos, lo que fuera, me volvieron un ser oscuro, lleno de maldad, indiferencia y frialdad, colmado de rencores y odios. Por eso pude domar esa energía tan podrida como los espectros —confesó.

No sabía a dónde quería llegar, pero no sería nada bueno.

—Sigrid, si no hubieses aparecido en mi vida, por designios de esa Diosa, por lo que sea, este futuro no sería como ahora, ¿entiendes? Iba a arrasar con todo y todos, sin compasión.

Me estremecí al imaginar ese escenario.

—Hombres, mujeres, niños, ancianos, no me importaba nada…

—No, no seas tan duro contigo, Silas. ¡Salvaste a los elementales!

—Sin ti, sin mi luz, solo sería Umbros. No existiría Silas, ni los elementales, ni la esperanza de redención para mi alma. Sigrid, ¿entiendes lo que quiero decir?

Sí, lo entendía, claro que lo hacía.

Miré a mi cachorro dormitando entre las hembritas.

Se veía tan tierno e inocente; él no haría nada malo. Le íbamos a dar mucho amor para que fuese bueno.

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