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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 453

NARRADORA

Incluso Dave había sentado cabeza, pero Erik seguía siendo un mujeriego sin causa.

—¿Qué te puedo decir? Me estoy preparando, entrenando para repoblar la raza de los lycan —Erik le respondió con sorna.

"Elliot, no quiero a este Casanova cerca de nuestras hijas” Aldo le dijo en la mente, tomando de sus bebidas.

Tomas intentaba no mirar asombrado a todos lados como un idiota.

La verdad pensaron que se sentirían incómodos, pero estar entre personas de su misma raza resultaba liberador.

Aunque no se quejaban, vivían ahora en el palacio, como consejeros y administradores de los Regentes, llegando a una posición elevada, que jamás imaginaron obtener.

“Pf, puedes apostarlo. Denegada la entrada al Reino Elemental” Elliot respondió medio en broma.

También tenía a una hija que cuidar. Menos mal que los cachorros de lycan eran machos… o al menos, eso creía.

—Más bien, busquémosle hembra a Beof, que siempre está de bebé llorón, fingiendo que no le importa el tema de que le huyan por su lombrizota —Dave delató a Beof sin compasión frente a los invitados.

—Dave…

—¿Qué, Quinn? ¿Estoy mintiendo? Mira, ni siquiera quiso quedarse a participar, se marchó de cacería a quién sabe dónde —Dave subió los hombros.

Quinn dio un suspiro derrotado, tomando del vino de su copa. Observando a Zarek unos metros más allá, hablando con Gabrielle sobre temas vampíricos.

Elliot recordó al lycan fortachón que ayudó a Katherine. Él era el tal Beof.

La verdad, le debía una disculpa por atacarlo, pero el hombre se esfumó después.

"Mejor así, no quiero un macho tan intimidante cerca de mi hembra" —Vorath enseguida metió la cuchareta—. "Que se vaya a buscar mujer a otro lado, no en mi manada."

La conversación mental de Elliot y la charla en el salón se vieron interrumpidas por las imponentes puertas de ébano siendo abiertas.

Pasaron el Rey y la Reina, ataviados con hermosas ropas bordadas en combinación.

En sus brazos, dos pequeños bebés rosaditos y gorditos, de cabellos rojo fuego como su padre y ojos celestes como su madre.

Sus ropitas eran trajecitos azules de caballeros, a juego, parecían dos gotas de agua, copias casi perfectas.

—Querida familia, amigos y socios —la voz estridente de Aldric sonó en el glamuroso salón, capturando la atención de los presentes.

—Es mi orgullo hoy presentarles a los cachorros que mi amada hembra dio a luz —tomó la mano de Valeria, entrelazando sus dedos.

— Fenrir y Magnus, mis dos hijos lycans y sus próximos gobernantes.

Las exclamaciones de felicitaciones fueron generalizadas.

Todos se acercaron a rodearlos para conocer los nuevos tesoros que el Rey Lycan tenía tan escondidos hasta ahora.

Gabrielle y Sigrid se los quitaron de las manos a los reyes y comenzaron a exhibirlos por todo el salón.

Los ojitos curiosos de los lycan miraban aquí y allá, tan vivos. Se notaba que serían buenas piezas los dos y le sacarían más canas a su padre.

—¡Mira, ya puede estrechar las pupilas como su lobo!

—Claro, ya sus lobos interiores van despertando. Son lycans, conocen a sus espíritus animales sin tener que cumplir los dieciocho años —Sigrid inflaba el pecho, enseñando a sus hermanitos.

Katherine capturó a Valeria para preguntarle sobre todos los cuidados y las cosas del parto.

Ellos no tenían tanto apoyo ni conocimiento, al menos no antes.

Pero ahora, las hembras Selenias, se ofrecieron a ayudarla en el momento oportuno.

Eran como una familia gigante, charlaban, bebían y comían, la suave música animando de fondo.

Se acercaba el momento de sacarlos a la torre para mostrarlos a los líderes de las manadas y a toda la gente que vino a conocerlos, como cuando nació Sigrid.

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