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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 460

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“Joder, qué hermosa hembra” Soul gruñó bajo al ver a la mujer que subió por la plataforma y ocupó la jaula cuadrada.

Sentía mis caninos alargarse y mi miembro comenzaba a despertar en mi entrepierna.

Bastante rápido para lo que en ocasiones se demoraba en entusiasmarse, pero es que mis ojos le estaban enviando una señal a mi pene demasiado tentadora.

“Totalmente de acuerdo, Soul” le respondí relamiéndome los colmillos, recostándome a la silla para ver el espectáculo que estaba dando.

Subí la mirada lobuna por sus pies descalzos que se movían sobre el suelo oscuro, bastante pequeños y delicados para su estatura más alta que las mujeres promedio.

Sus pantorrillas carnositas daban paso a los gruesos muslos blancos y las caderas anchas y sensuales que ahora se meneaban dentro de la jaula, agarrándose a los barrotes, pegándose a ellos descaradamente, al compás de la melodía.

Mi imaginación pervertida volaba, ya me imaginaba sobre esa deliciosa hembra, dominándola con mis manos en sus caderas, contra la cama y embistiendo en su dulce coño.

Joder, su coñito debía ser rosadito como toda ella y, con ese cuerpo tan curvilíneo, parecía perfecta para recibirme en su interior.

Aparté de mi mente la punzada idiota de amargura al saber que muchos hombres de seguro habían disfrutado de Ónix antes que yo.

Me concentré en seguirla devorando, bajando mi mano para toquetearme un poco la polla sobre el bulto que ya se me marcaba en la bragueta.

La cintura estrecha se contorneaba, el ombligo se le veía, la piel suave del vientre oscilaba.

Si tan solo llevaba una minifalda roja de seda y encajes, abierta a los lados, que le tapará si acaso la vulva y parte del trasero.

Se giró lentamente de espaldas y no, por todos los cielos, esas sensuales y firmes nalgas que moría por morder y toquetear, rebotaban, se abrían y cerraban cada vez que descendía y subía.

No dejaban mucho a la imaginación y ya me estaba molestando que los otros babosos la estuviesen mirando casi desnuda.

Gruñí un poco amenazante, mirando a mi alrededor, dispuesto a sacarle los ojos a cualquiera.

Sabía que estaba siendo irracional, pero mi instinto animal se estaba volviendo demasiado posesivo.

Sin embargo, me asombró que en algún momento el salón casi se quedó vacío, si acaso había dos hombres frente a unas jaulas un poco más allá y estaban como hipnotizados con las bailarinas.

¿Por qué, con esta hembra tan sexy y llamativa, nadie más parecía mirarla?

Mis divagaciones se vieron interrumpidas por el sonido de chirrido de la reja abriéndose.

Volví a subir mi cabeza al mini escenario donde se subían las jaulas.

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