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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 461

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Se quedó tranquila, aún de rodillas, y verla sometida a mi control, sus ojos llenos de obediencia y deseo, me tenían con las bolas a punto de explotar.

Mi pulgar rodeó su barbilla, tragué al quedarme fijo en esos voluptuosos labios rojos.

Todo parecía como en cámara lenta.

Podía sentir su respiración pesada y nuestros corazones latían golpeando con fuerza en nuestros pechos.

— Sshhh – siseé relamiéndome cuando toqué sus labios.

La deliciosa pulpa se sentía tan bien al tacto, moría por chuparle la boca, por mordisquearla y besarla a fondo.

Ni siquiera era un tipo de besos, pero a ella le haría de todo, me la iba a comer de arriba abajo, claro, solo si me dejaba.

Me incliné aún más, siempre observando sus orbes. No veía miedo en ellos y eso me gustó demasiado.

Hundí al fin mi nariz en su cabello, seguía molestándome el no poderla oler bien, mi lobo tampoco llegaba a la suya, ¿por qué?

Mi boca se pegó a su oído, saqué la lengua y lamí toda la concha, bien despacio y seductor, amando el gemido ahogado que trataba de reprimir.

Sus pechotes se pegaban a mis músculos. Diosa, nunca me había tenido que reprimir tanto.

Juro que si no estuviésemos en público, con solo un sí de sus labios, la echaba ahora mismo sobre el escenario para follármela a lo bestia.

— Quiero montarte, me gustas, puedo pagar lo que pidas – comencé a susurrar tentaciones en su oído. Una mano agarró su barbilla para mantenerla controlada y la otra acariciaba su cintura y la redondeada cadera.

El tacto con su piel se sentía orgásmico, mucho mejor de lo que imaginaba.

— Mmm, no sabes cómo me estás poniendo, sshh… dime que sí pequeña, ¿me aceptas o no? Juro que te voy a complacer, no tengas miedo por mi tamaño, lo haremos a tu manera, te tomaré despacio.

Por primera vez en un burdel, incluso negocié.

Ella no hablaba, pero podía sentir su excitación y eso me daba más coraje.

Por experiencias pasadas, era muy sensible al rechazo y hasta a las falsedades.

Esta hembra no parecía fingir su deseo por mí… o era muy buena embaucadora.

Me volví más valiente ante su permisión, mi enorme espalda nos tapaba de ojos curiosos.

Bajé mi boca para dar húmedos besitos en la afiebrada piel de su cuello, donde la vena latía frenética.

Mi lengua lamió la delicada columna hasta la clavícula, chupé la piel y gruñí de oscuros deseos contra el hueco de su cuello.

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