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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 467

BEOF

“Está llorando, Beof. Maldición, es la hija del Regente Elliot, su loba me lo dijo. Ella es la hija de esa mujer, Katherine Everhart.” Las palabras de mi lobo me sacaron de mis fantasías eróticas.

Aparecieron los recuerdos vagos de aquella vez que conocí a esa hechicera y nunca más quise acercármele.

Seguía pensando que podía ser su mate de segunda oportunidad, no deseaba problemas.

Pero nunca imaginé haber reconocido la tenue fragancia de mi mate antes de su nacimiento.

Aunque sabiendo ahora que era una poderosa y rara lycan hembra, tampoco es tan sorprendente.

Me levanté al fin, semidesnudo, su suave espalda temblorosa frente a mi mirada. Ahora era yo el que estaba demasiado nervioso y hasta culpable.

¡Joder, si ni siquiera la había regañado todavía!

—Está bien, pequeña, no llores, no llores, podemos hablarlo. Debiste decirme desde el principio… —Estiré mi mano para tocar su hombro.

Diosa, mientras más cerca, más me seducía su esencia.

La silueta de su cuerpo desnudo me tentaba, mi cerebro intentando ser razonable, mi corazón e instinto empujándome a tomar lo que me pertenecía.

Antes de que las yemas tocaran su piel, se giró tomándome por sorpresa, metiéndose entre mis brazos y apretando mi cintura.

El suave cabello quedaba bajo mi barbilla, nunca una mujer había llegado hasta esa altura.

Las carnes firmes de sus senos se apretaron contra mis músculos tensos, mi polla aprisionada contra su caliente vientre.

Mis manos se quedaron fijas en el aire, sudaba rígido, aguantándome.

—¿No te gusto? Dime la verdad, Beof, ¿solo te atraigo por el lazo? ¿Qué opinas de mí? —Subió la cabeza, mis ojos atraídos por los suyos húmedos, tan tierna y apetitosa.

Tragué en seco, posando mis manos en sus hombros para no parecer un idiota, justo como me sentía.

—Te he esperado tanto tiempo, supe hace mucho que eras mío. ¿Por qué nunca te acercaste a mi casa? Parecía que siempre huías de mi familia.

Y en efecto, así era, pero ni muerto menciono la confusión con su madre.

—Yo… tenía muchos pendientes en el castillo… no imaginé que mi mate estuviese en el reino elemental —me justifiqué como idiota, frunciendo el ceño.

—Si sabías de nosotros, ¿por qué no fuiste al castillo y te presentaste? ¿Por qué todo este engaño, pequeña?

—Me llamo Amara, ese es mi nombre. Ni siquiera sabes mi nombre. Tú… preferiste acostarte con ellas que conmigo. Me iba a entregar a ti, a confesarme. No cumplo con tus expectativas, ¿verdad?

Hizo por alejarse. Sentía su tristeza mezclada con enojo y desilusión.

¡No se suponía que debería ser yo el enojado aquí!

—Sí, me gustas, pero espera, Amara… —La agarré por los brazos.

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