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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 468

AMARA

—Nena, respira por la nariz… eso, así, pequeña, no hay prisas, Amara… —escuchaba su voz ronca por encima de mis jadeos, mi propio corazón latía en mis oídos.

Subí la mirada a través de mis ojos nublados para ver su apuesto rostro de cerca, tan fiero y sexy.

El aroma de sus feromonas me recordaba al bosque lluvioso, fresco y excitante, adoraba los días de lluvia.

Su dominante cuerpo volvió a cubrirme. Era la primera vez que me sentía tan pequeña, mi espalda pegada a la pared, mi boca de nuevo siendo deliciosamente devorada.

Su lengua jugaba con la mía. Mi primer beso fue en ese escenario, cuando sus labios se fundieron con los míos, y lo había extrañado desde ese momento.

Toda la ira consumiéndose en el fuego de mi excitación. Estaba caliente, deseaba que me tocara más, que me hiciera todo lo que venía a hacer en este cuarto de burdel.

—Beof… —gemí su nombre, sintiéndolo bajar por mi cuello, resoplando contra mi clavícula, sus manos toscas grandes apretándome las nalgas, separándolas mientras él se cernía sobre mí.

El sonido morboso de chapoteo que hacía mi coño me comenzaba a poner como un tomate, era imposible que él no lo escuchara.

¿Se daría cuenta de lo nerviosa que estoy?, ¿Que no soy tan segura y seductora como he querido demostrarle?

Ahora que la rabia se diluye en el deseo que siento por este macho, aflora mi nerviosismo, mi inexperiencia…

—¡Aahhhh! —gemí como una puta, tirando a un lado cualquier dignidad cuando mis senos fueron acunados y esa boca caliente comenzó a chuparme.

Miré hacia abajo para verlo darse un festín con mis pechos, manoseados entre sus dedos. Los juntaba y alternaba los lengüetazos en los picos duros y sensibles.

Nunca pensé que pudiese sentirse tan rico que me comiera así. Me mordí el labio intentando aguantar mis gemidos, mis garras salían aferrándose a sus anchos hombros.

—Shhh… no te contengas… Mmm, Amara, gime para mí… Nena, joder, me encantas, bebé… Mmm, qué ricos senos… Grrr… Mmmnn… —gruñó palabras lascivas antes de volver a ocupar sus labios.

Sus ojos lobunos miraron desde abajo mi rostro en llamas, mostrándome claramente cómo me mamaba los pechos.

Mis piernas temblaban, mi centro palpitaba pidiendo ser tocado de nuevo por el tacto calloso de sus dedos.

Me aferraba a sus tensos músculos como a un ancla para no ceder.

Cuando pensé que había experimentado algo demasiado bueno, Beof me mostró otro de los placeres de la intimidad.

Lo vi abandonar mis senos, dejándolos con manchas rojas de sus labios y manos. Un rastro húmedo de saliva iba descendiendo por mi piel sudada.

—Mmm… —me arqueé hacia adelante cuando hundió la lengua en mi ombligo.

Shhh… ni siquiera sabía que esa zona fuera sensible.

Lo tuve de rodillas, agarrándose de mis caderas y entendí perfectamente que pretendía repetir las lamidas de mi delantera, en ese sitio que moría por recibir su atención.

—Es… espera, Beof, no tienes que hacerlo… —de repente, de verdad que me sentí muy tímida.

¡¿Dónde estaba la Amara que se subió a ese escenario a bailar como meretriz?!

Supongo que sabía que nadie más podía verme por el hechizo de Nyx, pero ahora mismo… ¡Él lo va a ver todo, de cerca!

Estoy entre morirme de la pena o ya dejarme de pendejadas y pedirle que me la chupe como de verdad quiero.

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