AMARA
Los sonidos obscenos hacía mucho que llenaban la habitación.
Beof respiraba agitado sobre mi clítoris, con la boca abierta sobre mi sexo, su nuez de Adán se movía arriba y abajo.
Sentía sus caninos de bestia crecer, pero él siempre cuidó para no lastimarme.
Mirando al techo, todo mi cuerpo temblaba, aun en el limbo orgásmico.
Pero mi cachondo lycan se había cansado de jugar. Me vi siendo levantada de repente.
—¡Aah, Beof! —di un gritito apoyándome contra él, enredando mis piernas en su estrecha cintura.
Sus músculos voluminosos me ponían tan caliente, esos tatuajes entrelazados con su piel…
Nos besamos de nuevo en la boca. Me saboreé en sus labios. Se sentía raro y morboso.
Lo dejé meterme la lengua y enredarla con la mía.
—Amara… Mmm… —mi nombre en sus labios sonaba a pura gloria.
Cuántas noches soñé con él… Cuántas veces me toqué imaginando que era Beof…
Me sentó sobre sus piernas, a horcajadas, mientras se subía la camiseta por la cabeza y los poderosos brazos, lo sentí pateando el pantalón.
Ese duro miembro enseguida se encajó entre mis labios vaginales, haciéndome suspirar.
Sí que era grande, por la Diosa. Se veía agresivo, grueso y lleno de venas que palpitaban, la cabeza roja como un fresón maduro y mmm… me encantaban las fresas con sabor a lluvia.
Gemí mentalmente, mojando más sobre la hombría de mi macho.
No estaba asustada, maldición, estaba bien cachonda y, aunque me doliera, mi virgen reprimida quería comerse esa polla enterita, aunque llorara después.
—Muévete sobre mí… shhh… hazlo como hiciste con mi boca, nena, menéate sobre mi polla, es toda tuya, Amara… para siempre… sshhh… —comenzó a incitarme.
Sus manos se hundieron dominantes en mis nalgas, obligándome a moverme encima de él, friccionando nuestros genitales.
—…Ah, ah, joder, sí, así, nena, justo así… Aahh, Diosa, qué rico, más rápido, bebé, más… shhh… Amara… Amara…
Enloquecimos frotándonos. Beof rugía y yo gemía, nos besamos como dementes, mis senos rozando contra sus pectorales, la cama traqueando.
Sus manos rudas me obligaban a cabalgarlo, lo hacía todo por instinto, movida por mis más oscuros deseos.
Beof cayó hacia atrás en el colchón y quedamos casi acostados. Su polla se movía demasiado rápido, estaba a punto de venirme, estimulando todos mis puntos dulces a la vez.
Sentí su mano en mi vagina, sondeando, manoseándome, abriéndome. La otra mano agarró ese enorme pene y lo apuntó a mi entrada.
—Amara, es la última oportunidad de decir que no, nena… mmm… después de esto no hay vuelta atrás… No podré… detenerme… Joder, ni siquiera sé si puedo ahora… sshh…
La punta empujó entre los pliegues. Enseguida sentí el grosor abrirme a un límite que nunca había experimentado.
Gemí contra sus labios, y no precisamente de dolor… aún no.
—Deseo ser tuya, Beof, mi amor. Quiero ser tu hembra… —tomé su masculino rostro entre mis manos, mirando obsesiva la corta barba, esos labios sensuales, los ojos azules intensos que me decían tantas cosas.
Sentí que sus caderas comenzando a ondearse hacia arriba marcando el ritmo.
Mi mundo giró y lo tuve sobre mi cuerpo. Su peso dominando al mío, mis piernas abiertas como meretriz, solo recibiéndolo en mi interior.
Repentinamente, la presión se hizo insoportable, me obligué a no pegar los muslos y suplicarle que parara.
Mi grito agudo quedó encerrado en su garganta cuando su polla desgarró mi himen de una estocada profunda.
Sus brazos se cerraron, abrazándome, susurrándome contra la boca, calmándome, lamiendo mis lágrimas, meneándose más lento, sensual, tomando mi inocencia para él.
—Mara, lo lamento… lamento tanto hacerte daño… Mírame, pequeña. Amara, mírame… —me llamaba, mis ojos desenfocados intentando concentrarme, tragando el nudo en mi garganta, mi intimidad doliendo, el olor a sangre filtrándose en mi nariz.
—Esto es lo más sagrado que me han entregado en mi vida —Beof confesó con voz ronca y baja, entre jadeos excitados.
—. Lo voy a atesorar para siempre, mi mate. Te voy a cuidar con mi vida, mi lycan… Eres mía… mmm… Mara, eres mía…
—Beof… —susurré entre lágrimas, intentando relajarme, entregándome a mi hombre como tantas veces había soñado.
El cuerpo del enorme lycan se mecía sobre el mío, nuestras siluetas superpuestas, sudados, sus caderas ondulaban haciéndome el amor.
Mi vagina acostumbrándose al dolor, la sangre y los fluidos, ayudándolo a avanzar entre mis pliegues.
Nos abrazamos y amamos. Beof tuvo tanta paciencia conmigo.
Sentía esa enorme verga bombear en mi coño, más y más profundo, más y más me dilataba, me enloquecía y comenzaba a excitarme.
El dolor se volvió molestia, ardor y luego un cosquilleo que empezó a gustarme demasiado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...