AMARA
Me fui relajando y disfrutando, el sonido de humedad, de hacer el amor deliciosamente, inundó la habitación.
Mi mente daba vueltas, caliente y lujuriosa.
Clavando las puntas de los pies en el colchón, abrí más las piernas y me arqueé, sintiendo el peso de su pelvis chocando con la mía.
—¡Beof… aahhh!
—¿Te gusta? Sshhhh… mmm… ggrr…
Las embestidas comenzaron a ser más rudas.
Sus garras se aferraron a mis caderas, levantó el tatuado torso y veía su poderoso cuerpo embistiendo vigoroso, los músculos explotando agresivos y brillosos del sudor.
Metiendo y sacando el falo hasta la empuñadura, sus pesados testículos chocaban rítmicos contra mis nalgas.
—¡Dime, Mara! Mmm… ¡¿te gusta que te folle tu macho?!
—¡Sssiii! —gemí cachonda, sin poderme contener, retorciéndome sobre la cama —. Si es contigo, todo me gusta… Aahhh… Qué rico, mi mate… se siente tan bueno…
—Ssshh, mujer, me vas a enloquecer. Gírate, nena, vamos, es hora de montarte como una loba.
De repente, Beof paró.
Sentí el oscuro peligro en su orden, pero obedecí sin rechistar.
Lo vi sacar ese monstruo lleno de sustancias turbias y rojas.
Me giré y me puse en cuatro para él, imitando la posición de apareamiento, un instinto salvaje apoderándose de mi cordura.
Un peso se apoyó en mi espalda, haciéndome pegar los senos a las sábanas.
Sentí el cosquilleo de su barba sobre mi nuca.
—Agárrate al respaldar, Mara. Lo querías todo, pues te lo voy a dar todo, nena…
Y en vez de asustarme… casi me vengo.
Me aferré a los barrotes de hierro, temblando de expectativas…
Beof abrió mis nalgas, pasando los dedos por la ranura dilatada. Gemí con impaciencia y pronto me volví a comer ese fresón y todo el tallo que venía detrás.
—¡Aahhhh! —gemí ronco al ser deliciosamente empalada, profundo y rudo. Oh sí, siií, dame más… justo ahí… mi vientre vibrando con las estocadas rápidas y salvajes.
Empinando mis nalgas que rebotaban y arqueando la espalda.
Estaba descubriendo algo demasiado vergonzoso y creo que Beof también.
Me ponía cachonda y a mil su rudeza, que me cogiera como una bestia en celo, mi lado lycan alucinaba con ese macho dominándome contra las sábanas.
No tardaría mucho en volver a tener un orgasmo en esta posición, mi temperatura subiendo, la cama se movía vertiginosamente, haciendo chirridos ruidosos de vaivén.
No sabía si nos escuchaban, no podía pensar en eso y menos cuando su lengua comenzó a lamer mi nuca, su respiración lasciva sobre mi piel, las intenciones claras en su mente.
Nuestros lobos entrelazándose íntimamente en cuerpo y buscando hacerlo en alma.
"Yo, Beof Wolfram, te reclamo como mi preciada compañera, Amara Everhart. Prometo cuidarte para siempre, mi amor, atesorarte en mi alma. Nunca imaginé que la Diosa crearía a alguien tan perfecto para mí. Valió la pena cada segundo que esperé por tu llegada."
Sus palabras sinceras se vertieron en mi corazón, ese, que lo había comenzado a anhelar incluso antes de venir a este mundo.
"Acepto, mi Beof. Yo, Amara Everhart, acepto para siempre ser tu mate y la madre de tus cachorros."
Con las palabras rituales, el lazo del destino nos rodeó, sellándose para siempre con la mordida poderosa de mi lycan al exponer mi nuca, sumisa, deseosa…
Su lobo lo hacía con la mía en nuestras mentes.
Con un rugido de mis labios me fragmenté en mil pedazos, experimentando una liberación avasalladora.
Sintiendo sus últimos empujes que domaban mi cordura, su semilla caliente disparándose en mi vagina, llenándome tan abundante que rodó por los pliegues abiertos y bajó por mis muslos.
—Aahhh, Beof, mi Beof… —gemía con los ojos en blanco.
Lo sentía incluso crecer más en mi interior, mientras se corría como una bestia salvaje y me marcaba.
Sobre el colchón, la cama en el suelo, rota y desvencijada, Beof me pasaba un trapo mojado del baño, para limpiar la crema corporal que me había rociado de pies a cabeza.
—Nena, mañana regresaremos a tu reino. Debo hablar con tus padres, decirles que soy tu pareja, que vivirás conmigo —escuché sus palabras en la nebulosa de mi adormecimiento.
—¿Qué? —espabilé enseguida—. Oh, por la Diosa, papá va a estar furioso…
Me mordí el labio inferior con nerviosismo, aterrizando de una vez.
—Amara, dime en detalles qué hiciste. No balbucees, no, no… háblame claro. Dime desde el inicio, ¿tus padres no sabían que venías a buscarme y que yo era tu destinado?
Se quedó mirándome, con el ceño fruncido y esos ojos azules que eran mi perdición.
Ay, mi calvito, cómo te explico bien este mejunje sin que te enojes.
¿Serviría de algo fingir demencia? ¿O vuelvo a soltar lágrimas de cocodrilo para ablandarlo?
—Te voy a explicar muy bien, pero primero límpiame aquí, me está escurriendo algo muy viscoso…
Me giré, haciéndome la chiva con tontera, en cuatro, mostrándole mis nalgotas coloradas por sus manoseos y abriendo mi sexo lleno de su semen.
—¡Amara, estamos teniendo una conversación de adultos… gírate! —la voz entre dientes de Beof sonó a mi espalda, aparentando ser un ogro cuando podía oler muy bien su deseo.
Mi lycan fiero, es hora de que te vayas haciendo una idea de que las cosas se dicen cuando quiero y como quiero. Esto no es una democracia, querido, aquí mando yo.
—Mmmm… síii, límpiame bien primero y luego hablamos… — al final cedió, como estaba fríamente calculado— ¿Por qué mejor, en vez del trapo, no usas tu lengua para lamer la crema?
*****
NARRADORA
Mientras Beof se iba haciendo una idea, de que sería “un dominado” por su hembra… pero uno feliz y comprado con dulce sexo, las cosas no iban muy bien en el feudo De La Croix…
—Pa…pá… ¿qué… qué haces aquí? —Lavinia tartamudeó, sudando frío cuando vio aparecerse en el salón, a nada más y nada menos, que el mismo Elliot Everhart.
—¿Por qué, Lavinia? ¿No puedo darle una vuelta a mis hijas?
Desde que Elliot la encontró sola y, además, súper nerviosa, supo que su instinto no le había fallado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...