LYRA
De rodillas, tuve ese falo temblando delante de mi rostro, a punto de sacarme un ojo, endurecido, la punta dilatada con una deliciosa perla de humedad.
Me incliné, tomándolo en mi puño cerrado, sintiéndolo pulsar bajo mis dedos mientras movía mi mano arriba y abajo, dándole un placentero masaje.
Los siseos excitados se escucharon por encima de mi cabeza.
Mi boca salivaba, me acerqué para aspirar el aroma de la punta, tan picante y salvaje como él.
"Déjame probarlo, mmmm, métetelo en la boca." Aztoria me incitaba a cometer locuras.
Abrí los labios y saqué la lengua, mi mano se meneaba masturbándolo.
Rodeé la enrojecida cabeza en una suave caricia, lamí la uretra, introduciendo la resbalosa punta en la abertura, jadeando con lujuria, mirando hacia arriba, a sus ojos profundos, fijos en mi felación.
Frente a su mirada atenta, comencé a chupar la cabeza de hongo.
Lasciva y descarada, con sonidos pecaminosos saliendo de mis labios mientras lo mamaba más y más profundo hasta mi garganta.
Me encantaba la respuesta honesta de su cuerpo, rígido, sin saber qué hacer, pero cada vez más duro y agitado.
Mi otra mano fue a jugar con sus testículos llenos, oscuros, palpitando bajo mis yemas. El presemen abundante resbalaba por mi lengua.
—Mmmmm… —gemí de placer con la boca llena, acelerando mis movimientos.
De repente, sus caderas empujaron, penetrándome hasta la campanilla, sujetando mi cabello y dominándome para empalar su falo en mi boca como si fuese mi coño.
Su olor a sexo me enloquecía.
Bajé una mano y la metí entre mis piernas abiertas, directo a penetrarme con dos dedos, rápidos y placenteros, acelerando mi orgasmo, imaginando que era esta delicia de polla la que martillaba en mi funda cachonda.
Un rugido se escuchó en el claro del bosque y algo caliente se disparó hacia mi garganta. Tragué y tragué, ahogándome en la lujuria y el morbo.
Mi propia liberación atravesó mis sentidos, sintiendo la carne convulsionar alrededor de mis dedos.
Chupé y me relamí. El jugo escurría por mis comisuras y goteaba desde mi barbilla.
"Ssshhh, qué rico sabe, quiero que me monte mi macho. Bebé, a mí sí me puedes dar contra el árbol. Te doy mi coño gratis."
Diosa mía, que no se callaba esa loba putona. ¡Ella es la que me incita a ser así!
—Mmmm… te veniste tanto… —mi garganta ronca al fin fue liberada.
Recuperando el aliento, entrando aire a mis pulmones, logré subir la cabeza y observar su reacción.
Era hermoso, maldit4 sea, esa belleza ruda me tenía a sus pies.
No dijo nada, pero su mano se acercó a mis labios hinchados, delimitando mi boca con sus dedos, curioso, como si descubriera un nuevo mundo.
—No sabía que se podía hacer así… ¿te curó mi simiente?
Nene, no te imaginas lo caliente que estoy… digo, lo curada que estoy.
—Por ahora sí, pero ambos nos necesitamos —le respondí, haciendo por levantarme, con las piernas suaves.
Me incliné hacia adelante y “sin querer” caí contra su pecho, apoyándome en esos poderosos músculos, sus manos rodearon mi cintura.
Los tatuajes entrelazados en su piel curtida vibraban frente a mis ojos.
—Entonces, viviré contigo en tu choza. ¿Tenemos un acuerdo? —me alejé un poco para no saltarle encima y devorarlo.
Estiré mi mano para cerrar el trato.
—No tengo choza, vivo en una cueva… —su mirada complicada.
—Entonces, en tu cueva. Ayudémonos para ser más fuertes. —Seguí con la mano extendida.
Sus ojos oscuros taladraron los míos plateados. Sé que buscaba mentiras en mi interior, pero no rehuí ni un segundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...