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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 490

DRAKKAR

Invadí la zona privada de cacería de la manada buscando una colmena que descubrí días atrás.

A diferencia de lo que “ellos” creían, podía comer carne cada vez que quisiera.

Pero ya me aburría el mismo sabor quemado de la barbacoa.

El sabor de la miel me llevaba a adentrarme en el área prohibida.

Un aroma demasiado dulce invadió mis sentidos, pensé encontrarme con las abejas, sin embargo… me encontré con una extraña hembra.

Estaba en peligro y actué por instinto, salvándola de aquel depredador. Seguiría por mi camino, los guerreros de la manada estaban cerca y la protegerían.

Pero sus súplicas entraron por mis oídos y miré a esos ojos raros y hermosos… ese fue mi mayor error.

El aroma dulce que me tentaba provenía de ella y cada vez que esa hembra abría la boca no podía escapar de sus palabras.

Mis ojos la seguían aun sin querer.

Es perfecta y el hijo del Alfa la quiere para él, por supuesto que lo hace.

No tengo derecho a ambicionarla, no tengo derecho a nada, cada día mi vida se acorta más y más, el poder de mi lobo se consume bajo cadenas que no puedo liberar.

He perdido el control de la bestia y soy peligroso para todos, para ella…

«Puedo curarte… mi sangre es diferente…» Y lo es.

Quería comprobar si su sabor sería tan dulce como su aroma, solo me permití ceder una vez… solo una vez… pero cuando hundí los colmillos en su tierna carne, tuve un único deseo en la mente… devorarla por completo.

Por primera vez desde que encontré a mi lobo a los 18 años, ese dolor que quemaba cada uno de mis nervios, esas voces que atormentan mi mente, se callaron.

No sé si realmente puede curarme, pero tampoco me queda nada que perder.

Mis sentidos se desvían a su boca mientras caminamos por el bosque nocturno, al olor intenso que desprenden sus dedos… ella de rodillas… ella gimiendo… ella llevándome al límite…

Curiosidad, oscuros deseos se mueven en mi mente.

Mis instintos me gritan que esa miel que calma mi salvajismo, es el dulce veneno del que no podré escapar jamás.

*****

LYRA

Cuando mi mate me dijo que vivía en una cueva, ya me iba haciendo la idea, pero nada me preparó para ese sitio tan frío y pobrecito.

Que el campamento de muertos del tío Zarek, tenía más vidilla que este hueco.

En una ladera de la montaña donde estaba la cueva comunitaria, había excavadas también otras “casas” de manera desordenada.

Era de madrugada y no vi al interior de los demás agujeros, pero con ayuda de unos escalones maltrechos cincelados en la piedra, logré llegar hasta mi cueva matrimonial.

Me quedé congelada, es cierto que no me había dado un baño después de desandar por media jungla.

Con vergüenza me olisqueé… Ok, las cosas no estaban tan graves, pero no olía a rosas.

Al otro día me lavaría, aunque era mejor irse acostumbrando a los olorcitos locales.

*****

A diferencia de lo que creía, dormí como una bebé. Estaba cansada y cobijarme con sus pieles me hizo sentir segura.

Un ajetreo fuera de la puerta me despertó.

Me incorporé confundida, mis ojos enfocando las paredes de piedra, tocando a mi lado, pero Drakkar no había pasado la noche en la cama.

Lo encontré en la entrada, el fuego crepitaba en el hogar lleno de leña, una pequeña olla de piedra hirviendo agua sobre el mismo.

Drakkar manipulaba una especie de bicho con plumas de colores.

Le estaba quitando el plumaje bruscamente, llevándose pedazos de la carne.

—Espera, espera —me levanté envolviéndome en una piel para acercarme.

El frío de la mañana abanicó mi rostro, el sol apenas iba saliendo en el horizonte.

Había pasado un día desde que llegué aquí…

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