LYRA
—Si lo mojas con agua caliente, las plumas salen mejor —tomé un cuenco de madera y lo sumergí en el agua hirviendo.
Comencé a mostrarle, en cuclillas frente a él, lo fácil que era quitar las plumas sin llevarse medio bicho en el proceso.
—Así haces menos fuerza y luego le pasas rápido una astilla con fuego y quemas esos pelos duros… ¿ves? —subí la cabeza para enfrentarme a esa mirada medianoche.
Mis mejillas se sonrojaron un poco por la cercanía y la atención que me ponía.
—Te puedes herir las manos, yo lo hago —habló de repente, quitándome el ave y revisándome los dedos.
Mi corazoncito se sentía dulce y tenía ganas de besarlo, pero me dio vergüenza ser tan pegajosa en la mañana.
El animal resultó tener más carne de lo que creía, pesaba varios kilos y mi mente estaba ideando cómo hacerla deliciosa, sin embargo, los recursos aquí no eran muchos.
—Voy al río a lavarla y botar esas vísceras, ¿o te las comes?
—¿Las tripas? —mi cara se contrajo solo al pensar en el contenido interior—. No, no, y tú tampoco te las comas, prepararlas limpias es muy complicado.
Con un asentimiento, lo vi levantarse para marcharse.
—¿Puedes traer más agua?, necesito utilizar esa, yo… voy a lavarme un poco —le dije antes de que se fuese.
—¿Dónde te pongo la olla? —fue su respuesta, tomando a mano limpia la piedra caliente, tiznada por el fuego.
—Aquí, aquí —le señalé un rinconcito discreto de la cueva, ya tendría que hacer cambios para mejorar nuestras vidas.
Drakkar me dejó el agua humeando donde le indiqué y, sin muchas palabras, tomó un cubo de madera y se precipitó montaña abajo.
*****
“Lávate bien la cosita que hoy quiero seducir a mi macho y estás hecha una puerca.”
Suspiré derrotada, resoplando mientras me desnudaba y comenzaba a pasar un retazo del vestido por mi piel.
Con mis sentidos siempre en el exterior, terminé en poco tiempo, después de tallar y volver a sentirme limpia… por todos lados.
Apenas y me estaba calzando los botines cuando Aztoria me anunció que teníamos visita.
—¡Drakkar, no tienes derecho a reclamar esta hembra! ¡Ella debe elegir a otro macho de la tribu! ¡No dejaremos que la mates de hambre!
Un estruendo se escuchó en la entrada de la cueva y salí a enfrentarme a esos idiotas.
Mirando hacia abajo, los vi cacareando como gallinas poniendo huevos.
Diosa, eran una molestia, sobre todo ese hombre, Verak.
Solo estaba parado al fondo, sin hablar, pero apostaba lo que fuera a que había incitado a los otros.
—¡Déjennos en paz! ¡El hijo del Alfa me explicó que podía escoger al macho que quisiera, ahora no puede devolver su palabra! —le rugí, enojada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...