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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 495

NARRADORA

—¡Aztoria, tienes que encontrar el Aliento de Vida! ¡Siempre crece cerca de las Cassiópelas!

Lyra le gritaba a su loba, agarrándose el vestido y corriendo entre enredaderas y raíces.

Los árboles se estremecían a su alrededor, el sudor empapándole la piel, los animales pequeños huían a su paso, escapando del gigante a su espalda.

Salta un tronco caído, esquiva una rama, agáchate y sube, todo el tiempo perseguida por la sombra del fuerte guerrero.

"¡Están allí, allí!" la Alfa olfateó con el viento a favor.

Le llegó la esencia picante y asfixiante de las Cassiópelas, pero también del tesoro que cuidaban esas plantas peligrosas.

—¡Lyra, no vayas en esa dirección, hay veneno, son plantas venenosas! —Drakkar le gritó.

No sabía qué pretendía, pero esas flores rojas eran un arma mortal.

—¡Sé lo que hago, sígueme por aquí! —Lyra se metió entre unos árboles gruesos y apretados que le sirvieron para frenar la carrera del Brontocérax, al menos unos segundos.

Se agachó buscando como loca entre las hierbas, apartando las hojas y olfateando el aroma apestoso de la planta Aliento de Vida.

—¿Qué haces?! ¡Lyra, ya basta, debemos escapar!

—¡Aquí está! —Lyra vio las hojas verdes y moradas que se camuflaban con el resto de la mala hierba, tan insignificante y con un aspecto tan feo que nadie se podría imaginar la importancia de esta planta.

—¡Cómetelas!

—¡Esa hierba puede ser venenosa, huele muy mal, no la comas!

—¡Que te la comas de una puñetera vez! —todo el glamour se le fue para los pies, mientras se metía la hoja en la boca y se la embutía a su mate con la cara enfurruñada.

—¡No te atrevas a botarla, Drakkar, mastícala y traga! —se abalanzó a cerrarle la boca con las manos cuando el guerrero hizo una mueca de disgusto por el intenso sabor amargo.

—¡Confía en mí, confía en mí! —sus ojos conectaron en medio del caos y Drakkar, que no confiaba ni en su sombra, al final terminó tragando lo que le dio la pequeña hembra.

Ya sea su veneno o salvación, él apostó todo por ella.

Lyra suspiró con alivio, pero poco les duró la calma antes de que el depredador embistiera derribando la barrera de árboles.

Escuchando el crujir de la madera, tuvieron que huir para no ser aplastados.

—¡Llevémoslo al campo de esas flores rojas!

—¡Son venenosas! —Drakkar no sabía qué parte de “altamente venenosas” ella no entendía.

—¡Tomaste el antídoto, vamos, vamos, llevémoslo ahí!

Drakkar estaba al punto del colapso. ¿Qué diantres era un antídoto?

El Brontocérax, lleno de rabia por haber sido burlado varias veces por esos pequeños insectos, dejó de lado sus instintos de protección y se internó en medio del inmenso campo de flores rojas como si estuviesen en llamas.

Las esporas doradas enseguida se elevaron en el ambiente. Un medio de protección al ser cruelmente pisoteadas.

—¡Por aquí, hea, hea! —Lyra le gritaba y llamaba su atención a un lado.

— ¡DE ESTE LADO BESTIA, VEN A MÍ!

Con lanzas improvisadas de ramas afiladas lo movían de un lado a otro, persiguiéndolos por toda la trampa.

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