LYRA
Sentía los pliegues estirados al límite, nuestros fluidos salpicando en cada cogida… me encantaba, no podía parar, era como mi propia droga afrodisíaca.
Escalofríos de placer bajaban por mi columna, en las puertas del éxtasis, pero mi parte primitiva deseaba un último empujón.
—Ah, ah, ah, córrete dentro de mí, dámelo, mi macho, dame tu nudo… mmmm… —me incorporé de rodillas, con él unido a mi espalda, bombeando desde abajo mientras me meneaba contra su pelvis.
Su mano rodeó mi cuello posesivamente y la otra se enterró en mi cadera.
Su boca gemía en mi oído, llevándome a los confines del placer.
Sus testículos golpeaban rítmicamente contra mis nalgas, hasta que en dos o tres estocadas profundas casi son enterrados en mi hendidura.
Con un gruñido ronco, sentí los calientes chorros derramarse, llenándome, complaciéndome, catapultando mi propia liberación.
El sudor caía como agua, resbalando por nuestras pieles brillantes. La bruma nos rodeaba con el olor picante del apareamiento.
Cerré los ojos viendo las estrellas, me perdía en mi mar orgásmico, pero al momento siguiente, fui empujada de nuevo contra el suelo.
Un rugido salvaje vibró, sentía el nudo expandiéndose.
Abrí más las piernas para acomodarlo.
Su espesa semilla seguía disparándose y escurría por los labios hinchados de mi intimidad.
Me presionó, olfateando mi cuello con rudeza. El pelaje se pegaba a mi espalda.
Intentó penetrar de nuevo su hombría, demasiado a lo bestia. El grueso nudo no pasaba la barrera estirada a su límite.
—Duele… espera, Drakkar… ¡aah, detente! —algo pulsó dolorosamente en mi interior; volvió a embestir, desgarrando.
El olor a sangre asaltó mi olfato.
“¡Tenemos que cambiar, Lyra, o va a lastimarte!”
—¡Aahahhh! —grité sobre las palabras de mi loba. Unas fauces se cerraron en mi nuca, casi atravesando mis venas, tan doloroso.
Saqué mis caninos, convocando al cambio, rebelándome bajo él.
Estaba sin control, el peso me aplastaba contra el suelo mientras se iba transformando y, sin preparación, me quería tomar así.
—¡Detente, Drakkar! ¡QUE DEJES DE FORZAR LA MARCA, MALDIT4 SEA!
Empujé todo mi cuerpo hacia atrás, rugiendo, con los músculos de Alfa explotando llenos de adrenalina.
Mi aura opresiva saliendo por cada poro, la excitación mezclada con furia.
Cuando me giré, amenazante, con los caninos por completo afuera y en postura de ataque, lista para cambiar, lo que encontré me detuvo en seco.
Había caído dentro de la piscina, luchando consigo mismo.
Mitad lobo, mitad hombre, ambas partes peleando por el control.
Esas maldit4s runas se arrastraban como serpientes venenosas por su piel, haciéndolo arrancarse el pelaje y la piel, con las garras llenas de sangre, con rugidos de dolor y desesperación.
—¡GGGRROOARRR! — mi alma se estremeció.
Alzó la cabeza, la expresión perdida y llena de ira. Una pupila amarilla lobuna me miró desde un ojo y otra negra del otro lado.
Ambos obsesionados y enloquecidos, ambos me deseaban, pero no podían unir sus sentimientos.
—Cálmense, dejen de luchar. Mientras más luchen, más los castiga la maldición…
—¡ALÉJATE! —esa voz mezcla de los dos me gritó, dando un paso atrás en pánico, confundido, con el dolor deformando sus rasgos raros.
Lobo y humano, no se podían fundir en uno, su vínculo a punto de romperse.
—No, escúchame, lobito. Te voy a curar, resiste… te voy a curar, Drakkar —un nudo me obstruía la garganta, el pecho apretado, los ojos se me nublaban.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...