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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 498

LYRA

Sentía los pliegues estirados al límite, nuestros fluidos salpicando en cada cogida… me encantaba, no podía parar, era como mi propia droga afrodisíaca.

Escalofríos de placer bajaban por mi columna, en las puertas del éxtasis, pero mi parte primitiva deseaba un último empujón.

—Ah, ah, ah, córrete dentro de mí, dámelo, mi macho, dame tu nudo… mmmm… —me incorporé de rodillas, con él unido a mi espalda, bombeando desde abajo mientras me meneaba contra su pelvis.

Su mano rodeó mi cuello posesivamente y la otra se enterró en mi cadera.

Su boca gemía en mi oído, llevándome a los confines del placer.

Sus testículos golpeaban rítmicamente contra mis nalgas, hasta que en dos o tres estocadas profundas casi son enterrados en mi hendidura.

Con un gruñido ronco, sentí los calientes chorros derramarse, llenándome, complaciéndome, catapultando mi propia liberación.

El sudor caía como agua, resbalando por nuestras pieles brillantes. La bruma nos rodeaba con el olor picante del apareamiento.

Cerré los ojos viendo las estrellas, me perdía en mi mar orgásmico, pero al momento siguiente, fui empujada de nuevo contra el suelo.

Un rugido salvaje vibró, sentía el nudo expandiéndose.

Abrí más las piernas para acomodarlo.

Su espesa semilla seguía disparándose y escurría por los labios hinchados de mi intimidad.

Me presionó, olfateando mi cuello con rudeza. El pelaje se pegaba a mi espalda.

Intentó penetrar de nuevo su hombría, demasiado a lo bestia. El grueso nudo no pasaba la barrera estirada a su límite.

—Duele… espera, Drakkar… ¡aah, detente! —algo pulsó dolorosamente en mi interior; volvió a embestir, desgarrando.

El olor a sangre asaltó mi olfato.

“¡Tenemos que cambiar, Lyra, o va a lastimarte!”

—¡Aahahhh! —grité sobre las palabras de mi loba. Unas fauces se cerraron en mi nuca, casi atravesando mis venas, tan doloroso.

Saqué mis caninos, convocando al cambio, rebelándome bajo él.

Estaba sin control, el peso me aplastaba contra el suelo mientras se iba transformando y, sin preparación, me quería tomar así.

—¡Detente, Drakkar! ¡QUE DEJES DE FORZAR LA MARCA, MALDIT4 SEA!

Empujé todo mi cuerpo hacia atrás, rugiendo, con los músculos de Alfa explotando llenos de adrenalina.

Mi aura opresiva saliendo por cada poro, la excitación mezclada con furia.

Cuando me giré, amenazante, con los caninos por completo afuera y en postura de ataque, lista para cambiar, lo que encontré me detuvo en seco.

Había caído dentro de la piscina, luchando consigo mismo.

Mitad lobo, mitad hombre, ambas partes peleando por el control.

Esas maldit4s runas se arrastraban como serpientes venenosas por su piel, haciéndolo arrancarse el pelaje y la piel, con las garras llenas de sangre, con rugidos de dolor y desesperación.

—¡GGGRROOARRR! — mi alma se estremeció.

Alzó la cabeza, la expresión perdida y llena de ira. Una pupila amarilla lobuna me miró desde un ojo y otra negra del otro lado.

Ambos obsesionados y enloquecidos, ambos me deseaban, pero no podían unir sus sentimientos.

—Cálmense, dejen de luchar. Mientras más luchen, más los castiga la maldición…

—¡ALÉJATE! —esa voz mezcla de los dos me gritó, dando un paso atrás en pánico, confundido, con el dolor deformando sus rasgos raros.

Lobo y humano, no se podían fundir en uno, su vínculo a punto de romperse.

—No, escúchame, lobito. Te voy a curar, resiste… te voy a curar, Drakkar —un nudo me obstruía la garganta, el pecho apretado, los ojos se me nublaban.

Jamás le tuve celos a los poderes de mis hermanos, siempre estuve orgullosa de mi linaje descendiente de lycan, pero ahora… me siento tan frustrada.

«Chicos, ¿dónde están? Quizás ni hubiesen caído en este mismo mundo primitivo»

Lo peor de todo es que Drakkar desapareció toda la noche.

A la mañana siguiente regresé a nuestra casa.

Aztoria me dijo que espiaba a lo lejos, pero jamás se acercó, y cuando llegué a las tierras de la manada, desapareció de nuevo en el bosque.

Dudé en la puerta, mirando por la llanura hacia los límites de los árboles, dividida entre buscarlo o darle su tiempo para regresar por él mismo.

Hoy era la dichosa competencia y el sol despuntaba en el horizonte.

Antes de tomar una decisión, una voz desagradable se escuchó cerca.

—Veo que no perdiste tiempo en fornicar como una perra en celo.

Me giré para ver el rostro enfurecido de Verak, casi parecía que me estuviese esperando en la puerta.

No estaba para estos dramas de plebeyos, así que avancé sin mirarlo a la cara, pero su mano me sostuvo con fuerza del brazo al pasar cerca.

— Si crees que esto me va a alejar, estás muy equivocada. No me importa que pruebes con él, porque cuando te monte yo, verás la diferencia entre ambos. Drakkar no ganará. Destilando su veneno, me soltó antes de que le cortara su lengua viperina, internándose en la manada con pasos firmes.

“Qué macho más cuernudo, aún te escurre la leche de otro y él loco por venir a probarla”

Ni siquiera me escandalicé por las vulgaridades de Aztoria.

Dudas se arrastraban por mi pecho, arrepintiéndome de ser tan impulsiva, de dejarme llevar por el lazo con mi mate cuando debí tener paciencia.

Volví a mirar hacia el monstruo salvaje de la jungla.

No le enseñé muchos trucos a Drakkar y lo peor de todo… ¿Seguiría estando dispuesto a luchar por mí o me entregaría a Verak?

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