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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 500

NARRADORA

Entre rugidos, choque de cuerpos, sangre en el aire y violencia extrema, un pequeño hombre lobo aprovechaba cualquier brecha para colarse y atacar.

La lanza casi no podía atravesar las corazas de los enemigos, pero él instigaba al caos, por aquí y por allá.

¡BAM! ¡BOOM! ¡GROARR!

La enorme Dracotélion alzó entre sus fauces el cuerpo entero de un Brontocérax, lanzándolo en el aire y derribando a otros del rebaño.

Pero todas sus escamas estaban bañadas en sangre, sus movimientos cada vez se hacían más lentos y disímiles huecos de cuernos se hundían en su dura piel.

Aun así, cada vez recibía menos ataques, los cuerpos de los Brontocérax caídos se acumulaban alrededor, las hembras huían con las crías y solo quedaban algunos machos atrás, dando pelea.

Las aves volaban con alaridos de miedo, los otros animales más pequeños escapaban del peligro, el bosque entero revolucionado.

Repentinamente, Drakkar fue descubierto por un Brontocérax macho y recibió de frente el ataque del gigante.

¡BAAAM!

Los cuernos de la bestia chocaron contra el escudo de la misma especie; sin embargo, el animal tenía más fuerza.

El poderoso cuerpo de Drakkar fue lanzado por el aire a gran velocidad y lo peor de todo, ¡directo a la hembra enfurecida!

Cuando el hombre lobo vio las enormes fauces llenas de sangre y restos de carne, supo que si no actuaba enseguida sería engullido hasta la muerte.

La Dracotélion descubrió el ataque lanzado en el aire, sus cortas patas delanteras ocupadas deteniendo a un Brontocérax, así que solo pudo abrir la boca para destrozar al intruso.

Esta fue la escena que vieron los tres guerreros que llegaron, atraídos por el escándalo.

Viendo lo que sucedía en la llanura desde la protección del bosque.

Cuerpos amontonados de Brontocérax y, en el aire, un indomable guerrero que rugía escudado detrás del duro escudo y con una lanza en la otra mano.

Se “había lanzado” directo al peligro, sin miedo, atacando a la Dracotélion de frente.

—Ese… ese es Drakkar…

Se quedaron sin palabras, lo que presenciaban sus ojos no se podía explicar a su cerebro.

—¡Aaaarrrggg! —Con un rugido suicida, Drakkar colocó el escudo frente a su pecho y cayó encajado entre las fauces de la bestia.

Su cuerpo entero colgaba en la nada, sacudido por los movimientos de la depredadora, solo sujeto por las lianas de raíces con que se había atado la cornamenta al brazo.

La hembra dio un rugido que le estremeció los tímpanos.

Estaba herido, pero la adrenalina bullía en sus venas, la valentía de los desesperados.

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