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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 501

NARRADORA

Lyra frunció el ceño al ver lo que el lobo gris había cargado hasta la tribu con sumo esfuerzo.

—¡Ayúdenlo! —El Alfa rugió todo emocionado.

Primero, porque se quitaría de encima a esa mujer molesta que obsesionaba a su hijo y segundo, ¡por tan buena cosecha!

Si hubiese sabido que la competencia por las hembras iba a empujar a los machos a cazar como unos locos suicidas, ¡lo hubiese hecho antes!

Ran se convirtió en su forma humana, inflado por las miradas y las palabras de admiración de todos, que ya lo veían como el ganador.

—¡Ran, cómo pudiste cazar a este gigante!

—¡Ran, ¿no quieres ser mi macho?!

—¡Sí, Ran, fíjate, no tengo nada que envidiarle a esa hembra extranjera!

El guerrero miró con ojos despectivos a las mujeres que se abalanzaban.

Antes se sentiría halagado, pero ¿quién les dijo que con esos colores oscuros, los dientes amarillos y el pelo enmarañado y grasoso se podían comparar con la belleza de Lyra?

Sin embargo, mientras caminaba hacia la que ya creía su mujer, recordó la propuesta de Verak.

Pero Ran estaba en el cielo y sin querer bajarse de él.

La bruja le había dado un oscuro brebaje que le otorgó energía poderosa; se creía invencible, aunque le advirtió que no duraría para siempre.

Quiso la suerte de que en su camino se cruzara ese Brontocérax herido de alguna batalla.

Huía casi agonizando y él le dio el golpe final.

Nadie tenía por qué saberlo y, al mirar a los ojos plateados de Lyra, decidió que si la bruja le dio la oportunidad, él no se la entregaría a Verak.

—Lyra, yo… ¿Qué crees de mí? —Mostró todos sus atributos al desnudo, para que la hembra viese bien la mercancía que se llevaba.

—Tengo una choza, puedes mudarte cuando quieras…

—Deja de ser tan desvergonzado y ponte ropa —el gruñido de la hembra le cortó toda la seducción.

Su "hermanito pequeño" se encogió al ver los caninos fieros de la mujer, con miedo a ser arrancado de un mordisco.

—¡No puedes faltar a tu palabra, cacé al animal más grande! ¡Debes obedecer las leyes de la…!

—Por todos los cielos, ese… ese es Drakkar…

—¿Qué lleva en la mano?

Al escuchar los murmullos, Lyra empujó a ese lobo exhibicionista y avanzó mirando hacia la puerta de la manada.

Contra la luz del sol venía el valiente guerrero, aun con sangre goteando de sus duras facciones. Parecía más una bestia que un hombre.

Arrastrando en su mano la pata enorme de su presa.

En la otra mano, el escudo del Brontocérax, fracturado por varios lados, evidenciando la feroz batalla.

Era obvio que había un ganador, y no era Ran.

—¡DEBE SER UN TRUCO, ES IMPOSIBLE QUE DRAKKAR CASE A UN DRACOTÉLION! ¡¿DÓNDE ESTÁ EL RESTO DE LA PRESA?!

Verak estaba que no se lo creía.

La manada entera se quedó en silencio, mirando el drama que no se acababa.

—¡Drakkar! —a Lyra no le importaba nada más que las heridas de su mate.

“¡Ay, mira cómo me lo han dejado!” Aztoria gritó dramáticamente.

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