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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 503

LYRA

—Aztoria, ¿hay alguien más en los alrededores, detectas alguna trampa? —le pregunté a mi loba, mirando alerta a todos lados.

—No, solo está ese tipo intenso y pesado dentro de esa choza.

Caminé hacia la entrada y abrí la piel animal.

La manada se encontraba prácticamente vacía, con todos yendo a buscar la carne.

—Dime, ¿qué quieres? —me quedé de pie mientras él esperaba sentado en una estera.

—Aún te puedes arrepentir de la decisión que tomaste…

—¿Ah sí? ¿Y por qué haría eso? Drakkar es el macho que me gusta —le dije en su cara, esperando que no volviera con la misma cantaleta.

—Porque él solo tuvo un golpe de suerte o hizo algo raro, pero lo que te vengo a proponer te conviene —comenzó a tentarme:

—. En realidad no te quería para mí.

Alcé la ceja ante esa revelación.

No le creo nada, sus ojos llenos de lujuria en ese momento me dijeron lo contrario.

—Verak hizo un trato conmigo, sabía que era el guerrero con más posibilidades. Frente a la manada te tomaría como una de mis hembras, pero en realidad, vivirías en una choza aparte y serías para él.

—Espera, espera —detuve sus palabras sin sentido, bufando con indignación

—. O sea, ¿ese aspirante a Alfa pretendía que me quedara oculta y tranquilita en una choza, esperándolo siempre con las piernas abiertas para que él viniese a satisfacerse?

—¡Qué más quieres! Serías la mujer del futuro Alfa —se levantó enojado, encorvado porque rozaba con el techo

—. ¡Nunca te faltaría comida, ni a tus cachorros! ¡Eres linda, pero no seas tan creída!

Se veía frustrado.

Creo que Ran planificó romper su trato con Verak cuando se creyó ganador y ahora, por miedo, quería convencerme y quedar bien con el próximo jefe.

—¿Y qué hay de su prometida, Nana? —ni siquiera me inmuté con su arranque de ira.

Mis sentidos puestos en la presencia fuera de la carpa, esperaba que los olores la taparan. Quizás conocía algún truco de su madre.

—¿Nana? Todos saben que Verak no la quiere. Solo la va a tomar por conveniencia, para controlar a la futura curandera —me respondió, pero yo quería humillarla más, a ver si espabilaba de una vez.

—Lo lamento, no me gusta recoger lo que otra mujer va a usar…

—No importa que ella sea la compañera oficial, Lyra. Verak está loco por ti, puedo asegurarte que es a ti a la que va a montar todas las noches —me dijo con amargura, sus ojos recorriendo mi cuerpo y dándome repelús.

—Cualquier macho lo haría…

—Qué lástima que al único macho al que estoy dispuesta a entregarme es a Drakkar. Puedes decírselo a tu amo. Ni aunque fuese el último hombre en el mundo, aceptaría ser su amante.

—¡Te vas a arrepentir de esta decisión! ¡Lyra!

Pero lo dejé maldiciendo y me escabullí antes de que intentase algo más.

Caminé con pasos firmes y pasé por al lado de una silueta escondida entre las chozas.

Sabía que era Nana, pero no me detuve.

No somos amigas y estoy segura de que me odia.

Le intenté abrir los ojos, ya lo demás quedaba por su cuenta.

Me dirigí hacia las cercanías de la choza de esa vieja bruja.

Esperaba que no le volviese a dar nada perjudicial a Drakkar y que él no fuese tan tonto como para confiar en ella.

*****

—. ¡Habla de una vez, Drakkar, o mi boca se puede aflojar delante del Alfa! ¡Esta es tu manada, debes darnos los secretos de esa mujer!

Se quería levantar con ayuda del bastón, pero sus piernas temblaban, su cuerpo entero débil.

Cada vez que hacía el hechizo para extraer el poquito de magia del cristal milagroso, sentía que se quitaba años de vida, y ciertamente, así era.

¡Le dio fuerza al idiota de Ran y al final no ganó a esa hembra conflictiva! ¡Él era más fácil de manipular que Drakkar!

—Puedes delatarme, hacer lo que quieras conmigo, pero si le haces daño a Lyra… —dio un paso adelante y Gertrudis abrió mucho los ojos, rompiendo a sudar frío.

Sentía de repente que la sombra de una bestia gigante y rabiosa acechaba sobre ella.

—No me quedaré de brazos cruzados, ¿entiendes? —la voz peligrosa de Drakkar y sus pupilas enrojeciéndose la hicieron temblar bajo las pieles.

Sin embargo, no era una mujer que había sobrevivido tantas lunas en vano.

—Y yo no me quedaré de brazos cruzados si veo que mi manada está en peligro —Gertrudis apretó el bastón hasta ponerse los nudillos blancos.

—. Somos más que tú y en cuanto diga que eres un engendro, te vamos a quemar a ti y a tu mujercita en la plaza.

Un gruñido bajo salió entre los caninos afilados de Drakkar.

La sanadora comenzó a temer por su vida, estaba jugando con fuego, al límite del peligro.

Pero la entrada fue abierta de golpe, interrumpiendo la atmosfera tensa y entró corriendo una llorosa Nana.

Drakkar dio la espalda y se marchó, porque sentía que cometería una locura.

Si esa vieja se atrevía a tocar a Lyra, la destriparía con sus propias manos, aunque luego tuviesen que salir corriendo por la jungla.

—¡Mamá!

Gertrudis pasó del miedo paralizante a la preocupación por su hija, que se le arrojó encima, llorando contra su pecho.

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