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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 504

NARRADORA

—¡¿Qué sucedió, Nana?! ¿Quién te hizo daño?

—Mamá, Verak… Verak iba a engañarnos a todos para quedarse con esa mujer… —hipando y entre sollozos, le contó lo que escuchó en la choza.

—Ya, ya, eso quizás fue una trampa de esa arpía para humillarte. No te pongas así —le palmeó la espalda, angustiada.

Esta había sido la cachorra que tuvo después de mayor, cuando creyó que se quedaría sin heredera.

Nana era la niña de sus ojos. ¿Cómo se atrevía Verak a quererla convertir en el hazmerreír de la manada?

Y esa mujer… de nuevo Lyra… si no hubiese aparecido…

¡Tenía que deshacerse de ella y de Drakkar también!

¡Ese macho se estaba convirtiendo en el peligro que siempre temió!

No viviría eternamente y Nana tenía que ser la próxima Luna Curandera. Necesitaba la influencia de Verak como el próximo Alfa.

Gertrudis apretó los dientes, llena de odio y cálculos en la mente mientras consolaba a su cachorra.

Podía delatar directamente a Drakkar, pero en el fondo siempre había tenido miedo de sus misterios.

Su anterior maestro curandero lo encontró de bebé en la jungla.

Le dijo que tuvo una revelación que lo guio hasta él. ¡Estaba llorando sobre la hierba, rodeado de depredadores, y ninguno se atrevió a comérselo!

Por eso lo salvó.

Predijo que Drakkar sería muy poderoso, que no podían ofenderlo, pero tuvo problemas al despertar a su lobo a los 18 años, y todos lo dieron por un macho débil.

Gertrudis lo vio como una amenaza que debía mantener envenenado y bajo control. Ahora, él se estaba rebelando por Lyra.

¿Qué hacer para deshacerse en silencio de los dos?

Pronto le llegó la respuesta a sus plegarias.

*****

El Festival de la Primavera estaba por celebrarse en la manada “Selva Roja”, mucho más desarrollados que ellos.

Un equipo de guerreros sería enviado a comerciar, principalmente a intercambiar bienes por sal, un artículo preciado para la manada.

El camino era lejano y peligroso. Cualquier cosa podría suceder… incluso muertes repentinas.

—Alfa, ya que Drakkar es miembro ahora de los guerreros, envíelo en el equipo y que enseñe sus nuevos trucos de caza —Gertrudis sugirió en cuanto supo de la noticia.

—¡Buena idea!

—Padre, esta vez yo iré al frente de los hombres —ambos se giraron hacia Verak, que habló con expresión decidida.

Gertrudis frunció el ceño. Quiso negarse. No podían arriesgar al próximo líder; sin embargo, el Alfa tomó la decisión:

—Está bien, y así los machos te respetarán aún más. Está decidido, serás el jefe de la expedición.

*****

Pero antes de llegar al siguiente desafío en el camino, regresando al momento en que Lyra esperaba a su macho frente a la montaña…

“Por ahí viene nuestro sexy salvajito.” Aztoria estaba tirando la baba como siempre por su hombre.

—Drakkar, te demoraste. ¿Todo está bien? —Lyra se acercó, preocupada por las costras de sangre que lo cubrían de pie a cabeza.

—Sí, estoy bien… ¿y tú?… —su voz baja y ronca le preguntó a su vez.

Se arrepentía de haberla dejado sola ayer, pero era lo mejor, no se fiaba de sí mismo.

—Drakkar, no me pasó nada, solo fue un accidente…

—Voy al río a lavarme. Traeré algo de comer —la interrumpió, esquivando fríamente su mirada.

Sus pasos silenciosos se fueron acercando hasta la silueta masculina.

Drakkar apretaba los dientes, tocándose como hace mucho no lo hacía. Su puño se movía vigoroso sobre su dura polla.

Todas las mañanas eran una tortura.

No, no, todos los malditos días que había pasado a su lado, muriendo por volverla a tocar, eran insoportables.

—Ggrr… Lyra… Lyra… —gemía su nombre con miedo a despertarla.

Su pelvis embestía hacia el frente, sus nalgas contraídas, el grueso miembro goteando deseo.

Le parecía alucinar con ese delicioso olor a dulce gloria.

De repente, un cuerpo se acostó pegado a su espalda.

La respiración pesada y caliente abanicó contra los músculos de su nuca.

Drakkar se quedó paralizado, ¡ella lo había descubierto!

Antes de poder separarse, una mano pequeña se coló bajo su brazo y rodeó su cintura.

La suave palma de Lyra rodeó su falo a punto de explotar.

Un gemido excitante entró por sus oídos.

—Drakkar, no me alejes… Déjame complacerte, solo déjame tocarte —besos suaves acariciaron los tatuajes de su piel brillante en sudor, haciéndolo estremecer de placer.

Cerró los ojos, cediendo a las prohibidas tentaciones.

Por mucho que luchara, el hilo del destino siempre lo llevaba hasta esta increíble mujer.

Su lucero en medio de tanta oscuridad.

Aflojó su mano y dejó que Lyra lo llevara a las alturas.

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