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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 508

LYRA

Me abalancé a jalarlo, pero ya el cuerpo enorme y ágil había dado un salto atrás.

—Drakkar, qué susto —lo revisé, su piel enrojecida, pero sin quemaduras.

—Lyra, ¿así está bien? —me dijo, mirando los cuatro moldes, cocinándose a fuego lento.

—Debemos esperar a mañana, creo que sí —le respondí suspirando, y de verdad, esperaba que funcionara esta fundición rudimentaria.

Al otro día, marcharíamos por la peligrosa jungla hasta esa manada a unos días de distancia.

Lo peor de todo es que Drakkar y yo no teníamos nada para intercambiar, pero si estas armas funcionaban, cazar en el camino sería pan comido.

Dormimos apenas unas horas y al otro día, levantándonos más temprano que el sol, corrimos de regreso a la cueva para ver si la fundición había funcionado.

*****

—¡Ay no! —suspiré desilusionada al retirar el primer molde.

De nuevo, Drakkar usó ese tronco a modo de pala.

—Se fracturó un lado, lo tallé demasiado fino —frunció el ceño, culpándose porque la Gaia se escurrió a través de un hueco.

—Está bien fallar, con una sola que logremos será un éxito —le dije intentando ser positiva.

Al fin y al cabo, esto fue nuestro primer intento, iríamos mejorando.

Pero cuando salió la segunda y tercera, el ánimo estaba por el suelo.

Una se logró fundir bien y el molde de la otra tampoco resistió.

—No lo sé hacer bien —mi cosito pesimista ya estaba culpándose hasta del catarro que le había caído al depredador que vivía cerca.

—No te preocupes, si no se pudo no importa, aquí no hay muchas condiciones —alcé mi mano para acariciar su barba.

Finalmente, el último molde fue retirado.

—Lyra, ¿esto está bien? —agachados, mirábamos la forma negra compacta en forma de una daga rudimentaria.

—¡Creo que se fundió bien, Drakkar! —grité emocionada—. Tira el molde con todas tus fuerzas.

—No, no, se puede romper…

—Si se fragmenta, entonces también es un fracaso. Arrójalo sin miedo, vamos.

Era la prueba de fuego, y cuando Drakkar arrojó el molde contra una de las paredes, los fragmentos de piedra salieron desperdigados y un sonido metálico resonó sobre el suelo.

Corrí para tomar la daga entre mis manos, el mango áspero, incómodo para la mano, pero lo que más me importaba era la hoja.

La subí, mirándola a contraluz, parecía que muchos puntos luminosos brillaban en el negro profundo.

Alcé mi otra mano y me herí la palma con la punta.

—¡Lyra, no! —Drakkar me sostuvo enseguida—. ¿Por qué hiciste eso?

Su boca bajó y su lengua lamió suavemente mi herida. Por mi mente pasaban todo tipo de ideas pecaminosas.

Este hombre no me lo estaba poniendo nada fácil.

—No se cura, Lyra, no se cura —comenzó a entrar en pánico.

—No te asustes, recuerda que mi sangre es especial, así que pronto estaré bien. Pero Drakkar… —lo hice mirarme.

— Este mineral es especial. Si hiere a un hombre lobo o cualquier criatura, no podrá sanar tan rápido, se puede desangrar muy fácil.

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