NARRADORA
El olor a carne asada y chamuscada ya se elevaba con el humo en el ambiente.
Los hombres lobo se unían en grupos alrededor de los fuegos.
Cuando Lyra vio a Nana, la chica desvió los ojos de forma antinatural.
La Alfa suspiró pensando en que había mujeres que no tenían ni una pizca de dignidad.
Como sea, eso no era su problema. Ahora debía alimentar a su hombre.
*****
Una hora después…
—Te dije que esa mujer era solo belleza, pero tenía el coco vacío —algunas hembras cuchicheaban, atentas desde el inicio a todas las cosas raras que habían hecho Lyra y Drakkar.
Envolver un bulto de hojas con barro cercano al lago, luego cavar huecos y meter todo, con más tierra y brasas prendidas por encima.
¿Qué tipo de ritual era ese? Obvio que no era para comer.
—Pobre Drakkar, debe estar pasando hambre con una mujer tan inútil.
Nana se alegraba secretamente por las críticas a Lyra.
A su lado, Verak hablaba con los guerreros, pero su atención siempre estaba puesta en el cabello platinado que se reflejaba bajo los últimos rayos de sol.
Aunque fuese una comida asquerosa, si venía de su mano, él se la comería con gusto.
*****
Luego de tiempo y tiempo de espera, cuando todos ya habían devorado la cacería y charlaban tonterías esperando el anochecer, un olor tentativo comenzó a flotar en el aire.
—¿Qué es ese aroma por todos los cielos?
—No sé, pero la saliva se me sale, qué rico…
—¡Miren, chicas! —todos los ojos fijaron la atención en la pareja alejada y cerca de la orilla.
Las brasas se habían apagado y el hueco fue de nuevo excavado.
Del interior salió la bola dura de barro y, cuando Drakkar la rompió con el puño…
—Dios Lobo, ¿qué comida huele así de delicioso?
Miradas codiciosas observaron los movimientos.
Lyra abrió las hojas negruzcas y dejó expuesta la carne tierna, dorada y fragante de Ungarnix.
¿Qué tipo de plato era ese?
Si esas narices estaban a punto de tragarse el oxígeno entero dando profundas olfateadas, Drakkar, que tenía el vapor justo en su cara, se encontraba desesperado por abalanzarse sobre el “pollo”.
La espera de horas y horas había valido la pena, pero siempre pensaba primero en Lyra.
—Lyra, tú comes —le dijo, moviendo la pequeña montaña de carne hacia ella, y él excavando el otro Ungarnix enterrado.
—No seas tonto —Lyra se rió en su cara, al ver la baba a punto de rodar de su sexy boca—. Sabes que no me voy a comer todo esto, comamos los dos. ¡Ah, espera!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...