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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 520

NARRADORA

—No debiste… meterte así en la pelea… ggrr —Verak se sentó sobre la hierba con la espalda recostada al tronco del árbol.

La mano en un costado, con el rostro contraído en una mueca de dolor.

—Si no lo hacía, podías terminar muerto —Nana le respondió abriéndole la camisa para revisarlo.

Por mucho que le doliera el orgullo y quisiera desquitarse con ella, Verak admitió que Nana le había salvado la vida.

Algo pinchaba a punto de perforar su corazón y sospechaba que sería la punta de una costilla fracturada.

—Te daré de mi sangre para sanar —Nana susurró, inclinándose entre sus piernas abiertas, lista para hacer su papel de compañera de Verak.

Su garra iba directo a abrirse la muñeca, pero a pesar del momento crítico, las imágenes de Lyra seduciendo a Drakkar pasaron por su mente.

Nana decidió que era el momento de ser más seductora.

Bajó su top, dejando al descubierto sus tiernos pechos.

No era un escándalo y muchas hembras más desinhibidas incluso andaban así, pero ella, como hija de la curandera, nunca se había expuesto de esa manera.

Con las mejillas rojas, se inclinó hacia la boca de Verak ofreciéndole su seno.

—Bebe de aquí —la voz de Nana salió ronca, el aliento caliente, sus manos apoyadas en los fuertes hombros, su cuerpo comenzaba a excitarse.

Verak se asombró por un instante, pero no seguiría rechazando lo que tanto se le ofrecía, ya Nana era una mujer.

Lamió el sensible pezón y sus labios succionaron un poco, escuchando el latir errático del corazón femenino y un gemido sobre su cabeza.

Sus caninos salieron poderosos, la necesidad de alimentarse para sanar lo golpeaba.

—Aahh —Nana rugió cuando los colmillos de lobo se clavaron en su seno y la boca de Verak comenzó a chupar de su vitalidad.

Se recostó sobre el cuerpo musculoso de su macho, oliendo su aroma que le encantaba.

Se sentó a horcajadas sobre sus duros muslos, con su húmeda intimidad cabalgando encima de la firme erección.

Alimentarse de una hembra con olor a celo siempre era excitante y Verak no era de hierro.

Nana ardía, gemía mordiéndose el labio inferior, sintiendo el cosquilleo y los fluidos escurriendo de su coño.

Comenzó a balancear sus caderas por instinto y a restregarse contra la polla parada de Verak, confundiendo una reacción fisiológica del macho con interés y deseo por ella.

—Mmm Verak, tómame… soy tuya —gimió con timidez en su oído.

Su mano inexperta bajó a acariciar el bulto caliente del Alfa.

Sus sentidos se iban nublando y una necesidad dolorosa crecía en su vientre.

El lobo de Verak olió profundamente, esta hembra estaba entrando en celo, lo cual era peligroso con tantos machos aquí reunidos.

—Puedo hacerte lo mismo que Lyra le hizo a Drakkar, puedo complacerte… mmm…

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