NARRADORA
—¡Por aquí hay buenas presas! —Omar le señaló una zona que recordaba muy bien.
—¡Iré a buscar a los demás! —hizo por alejarse del sitio infectado en Terras, unos tipos de depredadores que vivían bajo tierra.
—No, quédate con nosotros, los otros se reunirán pronto —Omar rechinó los dientes ante el comando de Drakkar.
¿Quién coño lo había nombrado el jefe?
Muy rápido se le había subido el ego a la cabeza, pero hoy lo perdería… el ego y el pescuezo.
Se cuidó de quedarse atrás, Drakkar iba al frente y otro guerrero en el medio.
Alertas y atentos.
Pero lo peor de los Terras era que no se olían por acechar bajo tierra, y cuando los veías, muchas veces ya estabas muerto.
Omar casi fue asesinado una vez cuando su grupo se perdió en esta zona.
Drakkar tenía un mal presentimiento, olfateó profundamente el aire.
Aunque su lobo no estaba por completo presente, sentía que cada vez que tomaba la sangre de Lyra se volvía más poderoso.
—No me gusta esta zona, regrese…
—¡AAggrrr! —el rugido del guerrero a su espalda lo hizo girarse en un segundo, con la lanza arriba, listo para defenderse.
Sin embargo, el hombre se había caído en un hueco excavado profundamente.
Cuando Drakkar se asomó para ayudarlo, el tufo intenso de cadáveres descompuestos y tierra húmeda le dio en el rostro.
Restos de huesos, trozos de carne y pieles cubrían el fondo del agujero.
—¡Ayúdame Drakkar, ayúdame! —el guerrero se aguantaba a duras penas de unas raíces que sobresalían de la pared.
Ambos lo descubrieron, aquí vivían Terras y Drakkar estiró la mano para sacarlo cuanto antes.
Si alertaban a esos depredadores tan escurridizos, estaban perdidos.
Omar se escabulló, intentando esconderse detrás de unas hojas grandes, viendo con satisfacción cómo detrás de la espalda de Drakkar el peligro acechaba.
Un animal con el cuerpo alargado como un gusano, lleno de patitas cortas, grandes pinzas bucales y un caparazón negro impenetrable en la espalda, se levantaba en el aire listo para atacar a traición.
Todos los pelos en la nuca de Drakkar se pusieron de pie y supo que estaba a un instante de morir.
Cuando el cuerpo ágil del Terra se precipitó a decapitarlo, Drakkar no dudó en girarse, agarrando la lanza y metiéndola entre las mortales pinzas.
Con un silbido rabioso, el Terra arremetió contra él.
Sus pequeños ojos ciegos seguían la temperatura caliente del cuerpo de la víctima.
Forcejearon y lucharon, la madera dura se astillaba, la lanza cedía.
Drakkar lo arrojó a un lado con todas sus fuerzas, dando un salto atrás, alejándose del hueco donde el guerrero luchaba por salir.
El Terra serpenteó hasta Drakkar con una velocidad increíble, muy difícil de esquivar.
Drakkar bajó la mano y sacó el cuchillo de su cinturón.
La hoja fría y negra centelló, vibrando en el aire, mientras la punta se encajaba en uno de los ojos de la bestia.
El aullido sibilante de dolor inundó el claro.
Drakkar no perdió tiempo, aprovechando su retirada y se arrojó al suelo, rodando por debajo del vientre de la criatura.
Las pequeñas patas afiladas hirieron sus brazos y piernas, pero sostuvo con sus puños cerrados la empuñadura y la clavó hasta lo último en el punto más débil de la bestia: el estómago.
Toda clase de desperdicios asquerosos cayeron sobre Drakkar, el cuerpo enorme sobre él se tambaleaba y la sangre salpicaba su curtida piel.
Apenas y se pudo arrojar a un lado para no ser aplastado por el Terra muerto.
Ambos sobrevivientes pusieron pies en polvorosa, era mejor: «aquí corrió, que aquí murió».
Se perdieron entre la maleza, esperando no ser perseguidos, mientras buscaban al resto de su gente que cazaba por otro lugar.
Verak tampoco se quedó atrás.
Había visto suficiente y supo cómo incriminar a Drakkar de la manera más efectiva.
Sus pasos raudos lo llevaron a buscar al hijo del Alfa.
*****
—¡¿Qué sucedió?! Drakkar, ¿estás herido? —Se acercaron a rodearlos, la alegría de haber cazado a un bicho grande se les había borrado.
—Huele a Terra… —aspiraron solemnes.
—No estoy herido… Omar murió —Drakkar dio la noticia sin anestesia.
En la cacería, era normal morir al mínimo descuido.
Pero igual todos se quedaron en silencio unos segundos con la mirada pesada.
—Voy a lavarme al río y continuamos…
Drakkar se marchó al río, recordando algunos detalles. En realidad, había cosas que no cuadraban muy bien.
Los Terras solían colonizar durante mucho tiempo el mismo territorio.
¿Sabía Omar que los llevaba a una trampa?
Además, él lo vio sacando el arma para asesinar a la bestia.
Pero había muerto y, aunque se escuchaba mal, ahora no podía decirle a nadie el secreto de la daga, o al menos, eso pensó Drakkar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...