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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 536

NARRADORA

Drakkar le advirtió a la curandera, que ya había recuperado su forma humana.

Gertrudis y Nana no tenían tampoco a dónde regresar.

—Bien —ambas dijeron y fueron conducidas al fondo de la cueva, por una muy bien camuflada grieta.

Drakkar apartó la cortina de hojas que habían tejido para confundir los aromas.

Pasaron a través del pasadizo y ambas mujeres llegaron a un mundo nuevo.

A través de la red de cuevas, habían descubierto una caverna con respiradero, libre de los gases y el calor.

No solo tenían termas calientes para el baño y hervir hojas, también chozas mejor elaboradas con pieles, huesos y madera.

Lo mejor de todo, cazaban a criaturas poderosas a pesar de ser pocos guerreros, pero nada se podía enfrentar a sus nuevas armas.

Gertrudis se abstuvo de preguntar.

Sobre todo por las miradas hostiles que le daban las mujeres que se encargaban de cincelar los moldes de piedra.

Todo este desarrollo lo había traído Lyra en solo unos días.

Le contó a todos que la daga la hicieron en estas cuevas y no la cambiaron en la feria como habían dicho al Alfa.

Gertrudis se arrepintió demasiado de su arrogancia e ignorancia.

Se encontró a Lyra en una de las chozas más ventiladas, al centro del asentamiento.

—Lo que sea que vengas a pedirme, si no me dices algo que ayude a Drakkar, no me interesa.

La Alfa la miró con ojos agudos. Siempre supo que esa vieja sabía más de lo que decía.

—No sé si ayude exactamente a Drakkar, pero te revelaré todo lo que me enseñó mi maestro.

Entonces Gertrudis pasó a la choza de Lyra y, bajo la atenta vigilancia de Drakkar, le contó sobre el cristal mágico oculto en la montaña.

Sus peligros y efectos.

Lyra abrió mucho los ojos; parecía un receptor de poder.

Eso quizás era la solución para la maldición de Drakkar.

No había encontrado mucha magia en este continente salvaje.

—Vamos ahora mismo —Lyra se iba a levantar entusiasmada.

—No, está al caer la noche. Es muy peligrosa esa zona, incluso para ustedes. Mejor de día —Gertrudis era la más desesperada por robar un poco de esa magia, pero tampoco deseaba morir antes de tiempo.

Lyra lo pensó y asintió.

—Además, hay otra cosa…

—Te escucho —Lyra la miró con dudas.

—No regresaré esta vez. Cuando te enseñe a recitar parte del encantamiento, yo… moriré…

Gertrudis miró hacia afuera, donde las mujeres atendían a Nana.

—No hemos sido buenas contigo. No pido tu misericordia, solo que le des una oportunidad a mi hija. Era solo una ilusa enamorada y ya ha tenido su castigo.

Lyra asintió.

No se compadeció de Gertrudis, aún recordaba a la niña que quemaron cuando ella llegó.

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