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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 538

NARRADORA

El Alfa vencedor esperaba entre las ruinas de lo que fue la manada Valle Fértil.

Su mirada sombría, su sed de venganza no se apagaba.

¿De dónde salió esta arma?

Se volvió a preguntar, observando la daga en su mano.

El dolor de perder a su hijo se entrelazaba con la codicia. Ninguno de estos ignorantes parecía saber cómo hacerla, pero su gente le habló de una mujer peliblanca y otro macho que aquí no estaba.

—Señor, hemos encontrado un rastro cerca de aquellas montañas —el guerrero llegó a darle la noticia, señalando en una dirección.

Eran expertos en rastreo y conquistas.

—Prepárense.

*****

Al otro día, apenas el sol despuntó en el horizonte, Lyra, Drakkar, Gertrudis y Nana emprendieron el camino hacia el pasaje intrincado.

La gruta escarpada y oculta que los metió dentro de una cueva oscura.

“No teman, aquí no se atreven a entrar las bestias”

Les dijo, avanzando al frente en su forma de loba mientras cargaba a Nana.

La enfermedad de Nana era más del corazón que del cuerpo, el vínculo con su Omega debilitado y marchito.

Cuando Lyra salió a la caverna donde la curandera los guio y vio la enorme inscripción llena de runas, se quedó perpleja.

Sopló, y vaho frío salió de sus labios.

A su alrededor, las paredes estaban cubiertas de hielo, enormes estalagmitas colgaban del techo y en medio, una pared gélida que se elevaba hasta las alturas.

—Esa es la piedra que encontró mi maestro en estos parajes —le dijo Gertrudis.—. Él era un sacerdote de las Manadas Altas que vino aquí a morir, sabía mucho y pudo descifrar la manera de extraer un poco de su magia, pero es muy difícil.

La curandera ya había recuperado su forma humana y se vestía.

Lyra fruncía el ceño; conocía muchas de estas runas mágicas.

El conjuro parecía un sello para retener algo en su interior.

Un golpe sordo a su espalda la sobresaltó.

Al girarse, vio a Drakkar cayendo al suelo con la mano en el pecho.

—¡Drakkar! —se arrojó hacia él, y al tocar su espalda, vio esas venas oscuras latiendo con fuerza, explotando con su poder destructivo.

Drakkar lanzó un rugido, levantando la cabeza.

Sus colmillos eran los de una bestia, sus ojos se estrechaban en rendijas como los de su lobo.

Estaba perdiendo el control, luchando contra un dolor que lo desgarraba por dentro.

—¡Voy a ayudarte, Drakkar! ¡Gertrudis, pon a tu hija cerca del hielo, es un hechizo de hielo, no una piedra! —le aclaró con apremio.

La piel de Drakkar se calentaba, mutaba entre pelaje y músculos. Se revolcaba en el suelo con agonía.

—¡Gertrudis, ahora!

Lyra rugió, y la curandera dejó a Nana cerca de la pared para correr y tomar la mano de la Alfa.

—Ninguna de las dos somos magas, solo leemos conjuros. Sigue mis palabras sin equivocarte.

Le advirtió, y Gertrudis miró a su hija antes de asentir con determinación.

Ya sentía la magia oscura dentro del cristal de hielo.

Lyra comenzó a leer, enfocada, cada runa que conocía, que había estudiado con su bisabuela Selenia.

Las letras comenzaron a brillar a medida que eran mencionadas en el orden adecuado.

Se giró para mirarla directo a la cara, como si realmente estuviese frente a ella.

—¡Mamá! —Lyra intentó dar un paso adelante, pero no pudo; sentía que se desvanecía.

Su abuela y su bisabuela lloraban, pero no podían dejar el hechizo, o la conexión se rompería.

Sigrid corrió hacia ella, pero unas manos de brumas oscuras la hicieron girarse.

—Hija… —los ojos negros como abismos de su padre la observaban; Silas estaba fuera de control, usando todo su poder para rastrearlos.

—Papá, estoy bien… —Lyra sollozó, abrazándolo, y los brazos fríos la envolvieron.

Era solo una proyección mágica frente a su familia; los atravesaba como fantasmas.

Sigrid también la abrazó, y se sostuvo entre sus padres.

—¡No, no, mamá, abuela, necesitamos más tiempo! —Sigrid comenzó a gritar desesperada al verla desvanecerse otra vez frente a sus ojos.

—¡Lyra, iremos por ti, hija, resiste!

A través de sus pupilas nubladas, Lyra los vio a todos, a su amada familia, y antes de desaparecer, sus ojos se cruzaron con los de su abuelo.

La mano del rey lycan acarició su mejilla transparente.

—Sé que vas a poder con todo, porque eres mi orgullo y mi sangre —Lyra asintió a esos ojos grises como el más puro acero.

Claro que buscaría su camino a casa, y muy pronto, se volverían a encontrar»

Cuando la luz cegadora se disipó, Lyra aún se estrujaba el rostro, secándose las lágrimas.

Pero una respiración demasiado salvaje caía sobre su cabello.

Con los ojos rojos, alzó la cabeza y vio a una bestia de casi tres metros parada frente a ella.

Una cabeza de lobo agresiva, pelaje platino y negro, la miraba intensamente, desprendiendo ese olor a madreselva que la envolvía con posesividad y amor.

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