NARRADORA
El Alfa vencedor esperaba entre las ruinas de lo que fue la manada Valle Fértil.
Su mirada sombría, su sed de venganza no se apagaba.
¿De dónde salió esta arma?
Se volvió a preguntar, observando la daga en su mano.
El dolor de perder a su hijo se entrelazaba con la codicia. Ninguno de estos ignorantes parecía saber cómo hacerla, pero su gente le habló de una mujer peliblanca y otro macho que aquí no estaba.
—Señor, hemos encontrado un rastro cerca de aquellas montañas —el guerrero llegó a darle la noticia, señalando en una dirección.
Eran expertos en rastreo y conquistas.
—Prepárense.
*****
Al otro día, apenas el sol despuntó en el horizonte, Lyra, Drakkar, Gertrudis y Nana emprendieron el camino hacia el pasaje intrincado.
La gruta escarpada y oculta que los metió dentro de una cueva oscura.
“No teman, aquí no se atreven a entrar las bestias”
Les dijo, avanzando al frente en su forma de loba mientras cargaba a Nana.
La enfermedad de Nana era más del corazón que del cuerpo, el vínculo con su Omega debilitado y marchito.
Cuando Lyra salió a la caverna donde la curandera los guio y vio la enorme inscripción llena de runas, se quedó perpleja.
Sopló, y vaho frío salió de sus labios.
A su alrededor, las paredes estaban cubiertas de hielo, enormes estalagmitas colgaban del techo y en medio, una pared gélida que se elevaba hasta las alturas.
—Esa es la piedra que encontró mi maestro en estos parajes —le dijo Gertrudis.—. Él era un sacerdote de las Manadas Altas que vino aquí a morir, sabía mucho y pudo descifrar la manera de extraer un poco de su magia, pero es muy difícil.
La curandera ya había recuperado su forma humana y se vestía.
Lyra fruncía el ceño; conocía muchas de estas runas mágicas.
El conjuro parecía un sello para retener algo en su interior.
Un golpe sordo a su espalda la sobresaltó.
Al girarse, vio a Drakkar cayendo al suelo con la mano en el pecho.
—¡Drakkar! —se arrojó hacia él, y al tocar su espalda, vio esas venas oscuras latiendo con fuerza, explotando con su poder destructivo.
Drakkar lanzó un rugido, levantando la cabeza.
Sus colmillos eran los de una bestia, sus ojos se estrechaban en rendijas como los de su lobo.
Estaba perdiendo el control, luchando contra un dolor que lo desgarraba por dentro.
—¡Voy a ayudarte, Drakkar! ¡Gertrudis, pon a tu hija cerca del hielo, es un hechizo de hielo, no una piedra! —le aclaró con apremio.
La piel de Drakkar se calentaba, mutaba entre pelaje y músculos. Se revolcaba en el suelo con agonía.
—¡Gertrudis, ahora!
Lyra rugió, y la curandera dejó a Nana cerca de la pared para correr y tomar la mano de la Alfa.
—Ninguna de las dos somos magas, solo leemos conjuros. Sigue mis palabras sin equivocarte.
Le advirtió, y Gertrudis miró a su hija antes de asentir con determinación.
Ya sentía la magia oscura dentro del cristal de hielo.
Lyra comenzó a leer, enfocada, cada runa que conocía, que había estudiado con su bisabuela Selenia.
Las letras comenzaron a brillar a medida que eran mencionadas en el orden adecuado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...