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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 541

NARRADORA

—Su… Su majestad…

Los sacerdotes se inclinaron, mirando a través de la enorme cortina la silueta del hombre al otro lado, sentado en el sillón.

La figura del Rey Lobo siempre había sido rara.

Pero hace un tiempo estaba más extraño y misterioso que nunca.

—Habla —la voz fría se escuchó desde el interior, distorsionada y opresiva.

—Trajimos la lista de las candidatas a novias para el torneo de la Reina… espero que sean de su agrado…

El sacerdote extendió las manos con el pergamino, hasta con miedo de perderlas.

La túnica de seda, pegada a la espalda con el sudor frío corriéndole por la columna vertebral.

—¿Quién te autorizó a hacer un torneo?

Ni siquiera hizo falta que el Rey levantara la voz, se arrojaron al suelo temblorosos.

—Su… su alteza… usted me dijo que cada seis meses… yo pensé…

—¿Acaso te tengo aquí para pensar nada? —la temperatura iba bajando en la sala, parecía que una mano se cerraba en torno a sus cuellos.

Comenzaron a disculparse y a hacer reverencias como unos animales rastreros, diciendo que enviarían a todas las mujeres de regreso a sus casas.

Esa parte fue la que le llamó la atención al Rey Lobo.

—Espera… —pensó en la idea de atraer a muchas mujeres a la vez al castillo—. Dame esa lista.

Los sacerdotes se miraron, pero enseguida el que tenía el pergamino se levantó a estirarlo, pegado a la cortina oscura.

Los dedos le temblaron cuando vio salir una mano negra, con largas y afiladas garras, rodeada de bruma negra.

Este era un nuevo truco de su majestad, nunca se lo habían visto hacer antes, pero era mucho más impresionante y peligroso que cualquier cosa del pasado.

El listado fue llevado hasta el hombre sentado en el sillón.

Sus ojos afilados escaneaban con rapidez los nombres de las hembras, pero no encontró lo que deseaba.

Aun así, tenía el presentimiento de que sería una buena oportunidad.

—Bien. Quiero verlas desde el primer día.

Dijo arrojando a un lado el papel.

Solo necesitaba comprobar si alguna de ellas era la que buscaba; si no, se podían marchar a sus tribus primitivas.

Alondra le dijo con seriedad.

En el fondo, le tenía un poco de lástima a estas chicas.

Aunque la mayoría venían con la idea estúpida de ser la próxima Reina, también había inocentes.

Aunque esta tal Rosemarie se veía bastante madura y centrada.

—Está bien —a Lavinia no le quedó otro remedio que morder el anzuelo.

Ahora, más que nunca, estaba dispuesta a quedarse todo el tiempo necesario.

Lo había sentido, en este castillo había una fuente de magia, pero, ¿dónde y cómo llegaba a ella?

Si tenía que tontear y engañar un poco a ese idiota del Rey para acercarse a la fuente del poder, no le importaba.

No era una chica virginal ni inocente, pero cuando vio que el baño a fondo, en realidad, era muy “a fondo”, comenzó a entender el punto.

Parada frente al espejo, desnuda, escuchaba las indicaciones de la doncella.

—A su majestad le gusta la sumisión. Si quieres pasar esta ronda, haz todo lo que te indico.

«Ojos abajo, no te tapes tus partes privadas con las manos. Si su majestad te presta más atención, te inclinas sobre tus rodillas de espaldas a él y le muestras tu sexo separando las nalgas…»

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