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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 542

NARRADORA

A medida que Lavinia era perfumada y su cabello castaño peinado, iba apretando más y más los dientes, escuchando todas esas perversidades.

Ese tipo lo que se merecía era que le cortaran las pelotas, ya se encargaría ella de eso después de robarle su magia.

Fue sacada al pasillo con una pesada capa tapando su desnudez, caminando en silencio por los opresivos corredores hasta un salón donde todas las candidatas se reunían.

Los candelabros del techo arrojaban una luz suave sobre los rostros maquillados y nerviosos.

Se miraban y medían sus posibilidades. Algunas tímidas intentaban esconderse entre las sombras de las esquinas.

Lavinia solo trataba de utilizar la poca magia que le quedaba para buscar por los recovecos de este castillo infernal.

Sin embargo, algo de repente llamó su atención desde el segundo piso y subió la cabeza.

A través de unas cortinas oscuras alguien la miraba, lo podía sentir.

Sus ojos castaños deseaban atravesar las tinieblas. ¿Sería ese pervertido del Rey Lobo?

Algo le daba una sensación conocida, pero no del todo. Era muy confuso.

Sentía rabia porque su magia estaba mermada, porque ese tal Rey no parecía un personaje tan simple como ella imaginó.

Repentinamente, los sacerdotes llegaron, parándose en el escenario del fondo y comenzaron a llamar nombres.

Lavinia vio que las mujeres eran divididas, entraban por un pasillo u otro. Pronto le llegó su turno.

Fue conducida por el pasillo derecho, siguiendo a la jefa de doncellas que caminaba con pasos apresurados.

—Toma —le pasó un antifaz oscuro de plumas—. Te lo pones y nunca, jamás te atrevas a mirar el rostro de su majestad.

Lavinia asintió. Su corazón, por alguna razón, empezó a ponerse nervioso.

¿De verdad conocería a ese hombre tan rápido? Necesitaba que no la expulsaran en su primer día.

Así que pasó con la idea de cumplir las reglas, fingir y hacer lo necesario para que ese pervertido la eligiera entre las candidatas.

Cuando entró al salón con la luz tenue, vio una inmensa cortina negra y sabía que él estaba del otro lado.

Miró al suelo de piedra pulida, esperando, pero nadie habló.

Sin embargo, ella sentía que estaba siendo examinada.

Así que, siguiendo las indicaciones que le dieron y antes de que el Rey hablara, se quitó la pesada bata roja, quedándose por completo desnuda, mostrando su cuerpo.

Y en estos momentos, interpretar al Rey Lobo pervertido nunca le pareció tan acorde a sus propios oscuros e impíos deseos.

Se inclinó detrás de ella, apretando las nalgas entre sus manos masculinas y bajó su cabeza, hundiéndola en medio del pecaminoso placer.

Lavinia siempre se creyó tan madura y mayor.

Quería ver qué tanto podía enloquecerlo esta mujer; la estela de su magia interior siempre le había encantado.

Lavinia se estremeció al sentir las manos apretando su trasero con erotismo y el aliento caliente que estremeció su clítoris.

¿De verdad ese hombre ni siquiera le hablaría media palabra?

Fue a abrir la boca para decir algo, pero lo único que salió de sus labios fue un gemido contenido.

¡El Rey le había lamido la concha! ¡Maldito hombre libidinoso!

Y lo peor de todo era que si quería explorar los secretos del castillo, tendría que aguantar mucho más que unas lamidas.

Este desgraciado no podría con ella; fingiría lo que fuese necesario para lograr irse a casa.

Solo que Lavinia no se imaginó que, en ese juego de engaños, astucia y seducción, no solo terminó entregando su cuerpo, sino también… su corazón.

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