LAVINIA
Salí de mi habitación caminando un poco incómoda.
El vestido que llevaba iba bien ajustado a mi silueta, y debajo, un conjunto de ligas con encajes rodeando los muslos.
Mi intimidad, apenas tapada por una pieza demasiado descarada, que se me iba encajando entre los pétalos mientras daba los pasos.
Mi clítoris era constantemente estimulado por el roce y sentía que comenzaba a mojarme.
¿Quién diantres mandó a ponerse algo tan pervertido?
A mi mente llegaron los recuerdos de lo que viví en la tarde, y un poco más de jugo escurrió de mi coño.
¡No me gustó…! maldit4 sea, solo me quedé con un orgasmo a medias… es solo biología…
—Espere aquí —me indicó la doncella, y me paré en el pasillo junto con otras candidatas.
Me miraron de soslayo, pero ya nadie vendría a meterse conmigo, o al menos no abiertamente; sin embargo, estaba segura de que las cosas no se quedarían así.
Nos mandaron a pasar al comedor y me extrañó no ver a la beta, pero casualmente miré hacia atrás y la vi hablando con una de las doncellas.
Cuando se dio cuenta de que la descubrí, enseguida se separaron.
Parecía una interacción normal, pero tenía que andarme con cuidado.
Siguiendo las indicaciones, fui sentada en una de las sillas pegadas a la cabecera.
Me estremecí por la braga, encajándose en mi sexo.
Un velo negro caía desde las alturas y creaba un escudo para la persona anfitriona.
¿Por qué tanto misterio del Rey Lobo?
Los murmullos cesaron cuando las luces bajaron a un ambiente cálido y pasos se escucharon.
Me tensé, mirando con disimulo hacia la sombra del hombre que se sentaba detrás del velo.
Mis pupilas concentradas en captar algún detalle, pero la cena fue servida y no podía espiarlo directamente.
Sin embargo, al poner las copas de vino a mi lado, fui a estirar la mano para sujetarla y una mano masculina se extendió desde el interior.
Me sorprendí al sentir la frialdad de sus dedos apretando los míos sobre la copa dorada.
Esos dedos parecían los de un hombre joven, masculino, su piel muy blanca y con algunas cicatrices en el dorso.
Esas cicatrices, quise verlas más de cerca con el corazón latiéndome de prisa, pero el rey me quitó la copa y se sumergió de nuevo tras el velo.
¿Por qué, si tenía magia, no se las había curado?
Pero entonces recordé a otra persona a la que tampoco le gustaba quitarse las cicatrices… Laziel.
No podía ser, estaba desvariando.
¿Cómo sería Laziel el Rey? Que tontería.
Ni siquiera es un lobo y, además, no haría algo tan íntimo conmigo… él era frío, no le gustaba que lo tocaran y menos yo, una mujer diez años mayor que él…
Siempre inalcanzable, siempre creyéndose mejor que los demás.
Muchas veces quise hablar con él de magia, pero admito que temía ser rechazada por el principito de la escarcha. Tan hermoso como indiferente.
—Srta., el postre —la voz de la doncella llamó mi atención.
—Gracias…
—Su majestad, quisiera deleitarlo con mi música, si no le molesta —la beta rubia se levantó de repente y, con timidez, le habló al monarca.
Hubo un movimiento detrás del velo.
—Puedes hacerlo —uno de los sacerdotes parados en una esquina le dio permiso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...