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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 546

LAVINIA

—¿Acaso no te dije que me gustaban las mujeres calladas? —el hombre le dio unas nalgadas que la tuvieron gritando como meretriz.

Dio la vuelta frente a ella y su rostro estaba sumido en las sombras y la luz.

Lo vi tocándola, agarrándole el cabello para pegarla a él, diciéndole algo al oído que la tuvo gimiendo por más.

Sus manos tensas hacían tintinear las cadenas sobre su cuerpo suspendido.

Entre sus piernas femeninas aparecieron unos dedos gruesos y vi cómo su coño era abierto y penetrado, haciendo escurrir el semen de su interior que goteaba a la alfombra.

Los gemidos de la beta llenaron de nuevo el cuarto y toda esa interacción morbosa me hacía sentir rara, como una fisgona pervertida.

Ajena al peligro que se cernía detrás de mí.

—Hhmmp —el grito asombrado se quedó en mi garganta cuando fui apresada.

Un cuerpo masculino y poderoso se pegó a mi espalda.

Mi boca fue sellada y mis brazos subieron sobre mi cabeza como si también estuviese apresada en el techo.

Una fría respiración jadeaba en mi oído.

Sus manos intensas comenzaron a recorrer mi cuerpo.

Intenté hablar, pero de mis labios no salía nada. Esa magia extraña me rodeaba, me controlaba y exigía mi sumisión.

Supe que era el Rey, el verdadero Rey Lobo estaba detrás de mí, encerrado conmigo en este armario mientras expiábamos las cosas ilícitas que esas dos personas hacían.

Mi escote fue bajado con brusquedad, exponiendo mis senos, mis pezones erectos. Estaba excitada en esta situación tan rara y oscura.

Mmmmmm… me arqueé cuando chupó mi cuello y hundió los dedos en mis aureolas, pellizcando y acariciando, manoseándome y apretándome.

Mis ojos entreabiertos veían a la mujer montando sobre los dedos de ese hombre y pronto llegó mi turno.

Mi vestido fue subido a mis caderas, sentía su dura polla restregándose entre mis nalgas casi desnudas, la braga se sumergía en mi sexo escurriendo.

¡Aaaahh! Gemí en mi interior, alzándome sobre la punta de los botines cuando mis piernas fueron abiertas por su rodilla y jaló el hilo, clavándolo más entre mis pétalos.

La oscuridad opresiva me rodeaba, pero yo solo deseaba que ese hombre me hiciera vibrar.

Estaba loca, pero no pude evitarlo. El sabor de su magia, de su toque… ¿por qué algo tan peligroso me atraía tanto?

¡Aaaahh! Volví a gritar en mi mente al ser penetrada por un dedo, mientras otro movía mi clítoris en círculos vigorosos, cada vez más rápido, enloqueciéndome, haciéndome temblar.

Mi pelvis se meneaba contra su mano.

Afuera los gemidos se hacían indecentes, el hombre había cargado a la mujer, los muslos femeninos sobre los fuertes antebrazos mientras la descendían encima de esa polla parada.

La vi tragarse la cabeza de hongo y gemir el título de su majestad, pensando que lo estaba complaciendo, cuando el verdadero rey estaba masturbando mi coño bien rico al punto de venirme.

¡Aaaahhhh! Mis piernas temblaron, mi columna vibró en deliciosos calambres y mis pliegues se movieron con excitantes espasmos.

¡Aahh, qué delicia! Los ojos se me pusieron en blanco del placer.

Tantos estímulos a la vez me tenían cachonda, y los gritos de lujuria no paraban desde el cuarto.

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