NARRADORA
Entonces Lavinia recordó el momento en que la mano del Rey tomó la copa que le había servido esa misma doncella durante la cena.
¿La salvó entonces de la trampa de la beta?
¿Por eso castigó a esta mujer que deseaba perjudicarla? Es obvio que existía una mano manipuladora detrás de todas las confusiones.
De un momento a otro, un gruñido distorsionado se escuchó tras el velo del Rey, poniendo un punto en la boca de los presentes.
Las risas, burlas y gritos cesaron de golpe.
Uno de los sacerdotes fue corriendo hacia el borde de la cortina, estirando las manos en una pequeña abertura, para recibir un edicto real.
Se giró en la misma plataforma para leerlo.
—¡Por decreto del Rey Lobo, debido a su comportamiento indecente y tramposo, se le entrega a la hembra Vera Lous, al sacerdote encargado, Visconzuelo! ¡La sirvienta queda expulsada de la manada y el mozo recibirá una recompensa de la manada de Vera Lous por daños y prejuicios!
Enrico estaba que no se lo creía.
Solo había dicho la verdad y hasta le iban a pagar más dinero por haberse pasado la noche follando con esa hermosa y loca mujer.
La doncella por su parte palideció, pero era mejor perder la casa que la cabeza.
Todavía recordaba bien hasta el momento en que realmente le dio la copa con afrodisiaco a Rosemarie, pero de ahí en adelante, su mente estaba confusa, como si solo fuese una marioneta siguiendo órdenes de alguien más.
¡Incluso recordar lo que dijo hoy se sentía demasiado irreal!
—¡NO, NO! —Vera gritó como una demente, siendo liberada de golpe por el hechizo y dándose cuenta de la metedura de pata que protagonizó.
—Gracias a su majestad por este obsequio —el sacerdote al que ella había desafiado hizo una reverencia hacia el trono y luego se giró a mirarla con unos ojos llenos de malevolencia.
Vera tembló de pies a cabeza y luego vio a su gente entre las gradas.
—¡Sálvenme, por favor, díganle a mi padre que me salve!
Pero las personas de su manada lo vieron todo y sabían que Vera no tenía salvación.
Ni siquiera era la heredera de su manada. Su padre no se enfrentaría al Rey por ella.
La Beta gritó luchando por zafarse, pero fue arrastrada por los guardias hasta bajarla de la arena y terminar el show.
Poniendo un pie abajo, las manos callosas y arrugadas del sacerdote le exprimieron las mejillas como a una toronja.
—Veamos ahora qué tan desafiante eres —las lágrimas de Vera bajaban sin cesar, entendiendo la calamidad que ella misma se había traído.
—Me mostrarás todo lo que hiciste con “su majestad” anoche… eso y más… —le susurró al oído como un depravado, para luego alejarse con una sonrisa lasciva.
—. ¡Llévenla a mis aposentos y encadénenla!
Los guardias la arrastraron entre súplicas y llantos.
La cabeza de Vera se giró un momento al escenario y sus ojos nublados se encontraron con los de “Rosemarie”.
Esto no debió pasar así.
¡Esa mujer es la que debería ser humillada ahora!
Descubrió con pesar y arrepentimiento que, al final, esa hembra sí era la favorita de su majestad.
*****
Después de tanto escándalo y drama, Lavinia volvió a recibir otra muestra del frasquito de la discordia y se preguntó qué tanto tramaba el Rey.
Lo abrió con algo de recelo, siempre mirando a lo lejos.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...