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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 564

NARRADORA

La mente de Nana le jugaba malas pasadas.

Intentaba concentrarse en el placer que sentía con su mate sobre ella, sus manos calientes acariciándola con ternura.

Sus besos ardientes, esas sensaciones vibrantes que recorrían su piel.

Sin embargo, cuando William subió su falda de cuero y comenzó a dejar tiernos besitos en la parte interna de sus muslos, Nana tuvo que luchar con la idea de cerrar las piernas.

William, desde el inicio, se dio cuenta de su miedo. Diosa, ¿qué le había sucedido a su hembra?

Su lobo rodeaba lentamente a Reina, que aún temblaba bajo cada lamida y caricia.

Las manos callosas desataron las tiras del costado con suavidad, siempre mirándola por encima de su vientre, despacio, a pesar de que aguantarse le estaba costando años de vida.

—Cariño, no me compares con nadie más. Te voy a hacer olvidar… Nana, confía de verdad en mí…

Nana asintió nerviosa, apostando todo a este momento.

La boca lujuriosa bajó por su monte de Venus, lamiendo y gruñendo.

William estaba embriagado con el aroma intenso de sus feromonas.

Nana se tensó al sentir los toscos dedos explorando su intimidad, acariciando sus labios vaginales y mojándose en los fluidos de su coño.

El aliento caliente sopló sobre su clítoris, la boca de William acercándose a besarla, a recorrerla sensualmente, mientras sus ojos verdes como una bestia seguían mirándola a través de las sombras.

—Mmmnnn —la espalda de Nana se arqueó cuando los cosquilleos de placer la recorrieron.

Las manos se cerraron en puños sobre las pieles, las gotas de sudor rodaban por su blanca piel y la saliva de su macho se mezclaba con sus propios jugos cachondos.

William estaba enloqueciendo.

Metió un dedo lentamente en el estrecho huequito que moría por profanar, adentro y afuera, seduciéndola, dilatándola.

Su lengua rodeaba el duro botoncito, lo devoraba y mamaba como un hombre sediento.

Su lobo tenía acorralada en su mente a Reina, enamorándola, dominándola apasionado, mostrándole que su placer era primero que el suyo propio.

Las caderas de Nana comenzaron a menearse hacia arriba, las puntas de los pies enterrados en el colchón, sus muslos temblando, su cuerpo entero vibrando.

—… mmm… William… sígueme tocando así…

—Sshhh —el Beta siseó entre sus piernas como una bestia reprimida.

Su propia mano bajó a masturbar la adolorida polla.

La niebla lasciva del celo llenaba su mente, sus instintos rugían por montarla, pero su hembra estaba primero.

—William… ¡no aguanto!... aahhh —Nana gimió, embistiendo desenfrenada y derramándose en su boca, rompiendo la última cuerda de su cordura.

La lengua lobuna entraba flexible, los labios besaban apasionados el coño orgásmico, prolongando su deliciosa corrida.

Sentía los movimientos espásmicos de los pliegues vibrando en éxtasis.

La mano del Beta se movía rápida y agresiva sobre el eje, jadeando y gruñendo, buscando su propia liberación.

La punta se rozaba constantemente sobre las pieles de la cama.

Nana se quedó respirando agitada, mirando al techo con los ojos nublados.

¿Qué había sido esa sensación tan maravillosa? Se sentía tan viva…

Deseaba más de eso, más de William… quería complacerlo, y de nuevo la imagen en el río vino a su mente.

Se incorporó con las piernas suaves, para ver la escena de ese sexy macho meneando el grueso falo en su mano, rugiendo bajo, con los caninos apretados, los ojos entrecerrados y de rodillas sobre el colchón.

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