Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 565

NARRADORA

—Señor, hay rumores de que el Rey Lobo está más raro que nunca, pero que su poder parece haber aumentado —el guerrero hablaba con un joven Alfa sentado en la silla similar a un trono.

Su mirada severa, sus rasgos afilados y fríos.

—Bien, puedes retirarte —le dijo al hombre que dudaba en seguir hablando.

—Pero… su hermana… quizás si pagamos por ella, no creo que al Alfa le guste…

—¿Acaso sabes lo que quiere mi padre? ¿Te atreves a hablar por él?

—¡Nunca me atrevería, señor Wallace! —el guerrero comenzó a sudar frío.

Estaba seguro de que el Alfa les ordenaría traer a Vera como fuese, pero su hermano Wallace era otra cosa.

—Vera se buscó ese mal por ella misma, bien le dije que no fuera al torneo —Wallace le respondió entre dientes.

—. ¿O quieres traer la desgracia del Rey Lobo sobre nuestra manada?

El guerrero juró y perjuró que no, pero Wallace lo despachó con algo de molestia.

Había pasado un tiempo y no se terminaban de acostumbrar a él.

Siempre hablando de su padre, el Alfa.

Sobre todo, el Beta William, ese maldito fisgón.

Torció la boca mientras salía del salón central y se dirigía a su habitación en el ala más aislada.

Su padre nunca regresaría, pero tampoco podía declararlo muerto, no hasta aumentar su poder y ser implacable.

Con la supuesta enfermedad de su padre, manipulaba a la manada, sobre todo a ese idiota leal de William.

Llegó a su cuarto y cerró la puerta con llave, escaneando en la oscuridad que no hubiese algún espía.

Todo despejado, en apariencia, pero Wallace jamás podría detectar la sombra espectral que lo acechaba desde el techo.

Caminó hacia una estantería en el pequeño despacho anexo, pulsando en los sitios correctos hasta escuchar los sonidos sutiles del mecanismo poniéndose en marcha.

Empujó el mueble de madera y, con un poco de polvo, se expuso ante él el oscuro pasillo como boca de lobo.

Entró, mirando por última vez a su espalda y luego cerrando su túnel secreto que lo llevaba por un largo tramo subterráneo hasta las entrañas de la montaña.

—Ese maldito del Rey Lobo debió encontrar la manera de absorber más poder del “Corazón de la Bestia”, ¡tks! Y ese viejo de Memento que no hace nada bien.

Iba protestando, despotricando en contra de su propio sacerdote.

Pensando en el día que su padre le reveló la verdad detrás de su fuerza y cómo las cuatro grandes manadas se habían convertido en lo que eran hoy.

Todo se debía a ese cristal helado que se ocultó en sus territorios.

Aprendieron en silencio a robar el poder puro y elemental apresado detrás del hielo.

Esa misma magia, que le había dado sabiduría y humanidad a los lobos salvajes de este continente.

Después de mucho caminar a través de los corredores asfixiantes, Wallace llegó a otra puerta llena de cadenas y seguros, que pasó un buen tiempo desbloqueando.

Lo que le recibió primero fue una habitación cavernosa, excavada artificialmente.

Sus pasos atravesaron la estancia y su mirada se desvió hacia las inscripciones rúnicas en una esquina, donde un cuerpo descansaba bajo tierra.

Era su padre, el Alfa, que jamás imaginó que se cuidaría la espalda de todos menos de su peor enemigo, su propio hijo.

Las runas evitaban que la manada sintiera el vacío de poder, pero eso no iba a durar para siempre.

Ahora, sin Vera de fisgona, Wallace tenía mucho más control sobre su gente.

Los señaló resoplando y dando media vuelta, controlando el temblor por el frío en la caverna.

Memento se quedó preocupado viendo su espalda; si ese hombre seguía explotándolos así, no aguantarían.

Usaba a sus familias para chantajearlos y a la vez le decía a William que él estaba encerrado sanando la grave enfermedad del Alfa.

Se aseguraba a un buen guerrero leal y a un sacerdote.

Memento pensaba en ganar tiempo para que alguien descubriera la red de engaños de este hombre, pero sus esperanzas se desvanecían con los días y las semanas.

—Maestro, si vuelve a forzarse puede morir, ¿entiende? ¡Puede morir! —su ayudante lo tomó de los hombros.

Memento se vio reflejado a sí mismo en ese joven, muchos años atrás, cuando le decía a su propio maestro que eran afortunados por haber sido escogidos para aprender a extraer el poder.

«No, Memento. Esta energía poderosa es el regalo de un Dios y nosotros, simples animales, no deberíamos jugar con lo que no entendemos».

Su maestro le había dicho, pero aun así fue obligado por el Alfa de la manada a sacar la magia del cristal.

Lo vio debilitarse como él estaba ahora y aun con todas esas alarmas, no aceptó escapar con el sacerdote cuando se lo pidió.

Se quedó atrás y ocupó su puesto.

El Alfa lo favoreció entonces, incluso nombró Beta a su hijo William y ocasionalmente realizaba la ceremonia secreta de “robar” magia; sin embargo, cuando Wallace supo la verdad, su codicia los lanzó al precipicio.

—No tengo otra opción, Kile, yo mismo me traje esta calamidad —susurró mirando hacia el opresivo cristal helado donde una sombra se movía en su interior; viva, palpitante, esperando…

En una esquina discreta, la oscuridad “escuchaba” y “veía”, transmitiendo todo su descubrimiento.

A mucha distancia de ahí, Lyra abrió los ojos llena de asombro y con el corazón latiéndole de prisa.

Había descubierto un secreto decisivo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación