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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 574

LAVINIA

«El lobo de hielo gemía lamiendo su rostro, dando vueltas, ansioso.

Toqué mi mejilla que de repente se humedeció. Estaba llorando, como las lágrimas que caían de los ojos de Aidan Walker.

Su desesperación me golpeaba aun en este trágico pasado.

—¡No puedes morir, Bella, prometiste siempre estar conmigo! ¡LO PROMETISTE! —rugió pegándola a su pecho, tomando de su propio líquido vital y tratando de dárselo de boca a boca.

Un beso cargado de dolor y agonía.

La nube de poder se expandía cubriendo el sol, matando la esperanza.

—Lo… siento… —ella apenas podía hablar, lágrimas carmesíes bajaban de sus ojos que se iban cerrando

—Te… amo… Aidan… te amo mi… príncipe…

Los sollozos del macho inundaron el claro, los sonidos de devorar la carne ya muerta del Rey Lobo, pero nada podía arreglar esta tragedia.

Los rugidos de dolor del príncipe Alfa resonaron hasta los confines, aferrándose al cuerpo de su compañera y una tormenta de nieve comenzó a llover del cielo, como si también llorara con él por su pérdida.

Cuando creí todo perdido y antes de que la mano de la hechicera tocara la hierba anunciando su completa muerte, Aidan comenzó a cantar al viento con los ojos cerrados.

Ese lobo de hielo que siempre lo acompañaba saltó sobre el cuerpo de Isabella y brilló tan intensamente que tuve que taparme los ojos a pesar de no herirme en realidad.

Cuando miré de nuevo, descubrí otra cosa extraordinaria.

La hechicera yacía en un ataúd transparente de hielo, su cuerpo preservado, su último aliento y esa magia helada ya no se veía por ningún lado.

Se había sacrificado para sellar el último resquicio de vida de su compañera.

Cuando Aidan Walker volvió a subir la cabeza, lo pude ver en sus ojos atormentados, ya no era el mismo hombre despreocupado y cálido que había cruzado por curiosidad a este continente.

Su expresión era de alguien al cual no le importaba nada, más frío que los copos de nieve que caían.

—¡YA DÉJALO IGNACIO, NO QUEDA NADA! ¡¿ENTIENDES?! ¡NO QUEDA NADA!

Le rugió sin compasión, pero el pobre animal no se resignaba y corrió a lamer el cuerpo inerte de su hembra.

Él mismo la había acabado por las órdenes de ese infeliz.

Aidan caminó resuelto y alzó las manos en el aire.

Su cabello se elevó con la ventisca, su magia comenzó a cubrir el poder disperso del corazón.

Se elevó en el aire, se mezcló entre las nubes, y todo comenzó a congelarse.

Presencié cómo la energía elemental fue separada en partes, encerrada en témpanos helados que comenzaron a volar, dispersándose en todas direcciones, sin rumbo fijo.

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