LAVINIA
«Andaba en sus últimos días andrajosa y divagando, hablando sola con Electra, gritándole, peleando con una sombra.
Mandó en silencio a construir esa puerta, selló los secretos del corazón moribundo bajo el castillo y erigió su propia tumba.
Me vi caminando por ese mismo sendero de piedras pulidas, bajo esa caverna y observándola sentada en ese trono con la daga en la mano.
—Así que ya te dejas de esconder como una rata… —me asombré dando un paso atrás cuando levantó la cabeza y fijó sus ojos en mí.
¿Acaso me podía ver ahora? Pero no…
—Electra —agregó y al momento, una sombra espectral me atravesó desde atrás, dándome una sensación espeluznante.
La vi avanzando hacia Drusilla.
No lucía como los espectros de Silas o Laziel, donde la forma humanoide apenas se podía distinguir; no, este espectro había evolucionado aún más.
Formada de niebla oscura, apareció la hermosa mujer de cabello corto y ojos llenos de odio y rencores.
No decía una palabra, solo miraba la escena al igual que yo.
—¡¿Crees que podrás liberarte cuando muera?! Jajajaja —Drusilla comenzó a carcajearse como una desquiciada.
—Voy a morir, ¡sí! Pero tú te quedas aquí adentro conmigo hermanita, para siempre juntas, querida Electra… —le dijo burlona
— Solo otra De la Croix puede desbloquear este sitio y adivina: ¡ya no quedará nadie! jajajaja
Subió la mano temblando con la daga empuñada, llorando y riendo, ante el acto que ella misma perpetraría en contra de su vida.
Incluso la vi dudar a última hora, pero ya era muy tarde.
El espectro de Electra se apareció a su lado a una velocidad difícil de seguir con la mirada y su mano de uñas negras afiladas, agarró la muñeca de Drusilla obligándola a pasar el cuchillo por su garganta.
Los ojos desorbitados de Drusilla De la Croix se abrieron en agonía ante el filo abriendo lenta y profundamente su cuello.
Tuve ganas hasta de girar el rostro; parecía que la escena se había puesto en cámara lenta.
Los ojos de Electra brillaban intensamente en negro y verde, sonriendo de manera macabra mientras obligaba a Drusilla a morir.
No le importaba quedarse encerrada aquí por siglos si el precio era acabar con esa maldit4 perra.
Esperó pacientemente y su momento había llegado.
Con un baño de sangre y un grito mudo, los orbes vacíos de mi antepasado me miraron antes de que su mano cayera soltando la daga al suelo y se quedara en la misma posición en que la encontramos.»
Pensé que esto era todo… supongo que sin Drusilla ya la ilusión de recuerdos no se mantendría, pero me había equivocado.
Quien me mostró todo esto no fue Drusilla de la Croix, sino ese ser espectral que ahora caminaba hacia mí.
—Sé muy bien que puedes verme. ¿Qué quieres de mí, Electra?
Le hablé cuando estuvo a menos de un metro de distancia. Su estela de poder oscuro era densa, asfixiante.
Abrió la boca, pero nada pude escuchar.
Laziel podía “oír” a sus espectros, me dijo que las voces eran horribles, que no lo dejaban dormir, pero él era su legítimo dueño.
—Ellos te entregan su poder, pero a cambio exigen una parte de tu alma, de tu humanidad, de la vida que desean vivir a través de ti —me dijo apretando mis brazos.
—En el momento en que flaquees, que te vea más débil, intentará ser ella la ama. ¿Te crees capaz de contener todo el odio y el poder oscuro de Electra de la Croix?
No supe qué responder de golpe, me giré para verla de pie en el mismo sitio, aguardando…
Si la aceptaba, conseguiría subir a un nivel que pocas hechiceras lograban, pero ¿estaba lista para las consecuencias?
No sé por qué, pero la imagen de Aidan y la muerte de su compañera, me vino a la mente.
Era tan poderoso y aun así no pudo protegerla… yo quiero ser fuerte para cuidar de mi amor, no siempre depender de él.
— Mientras estés conmigo… no tengo miedo a nada… — susurré entrelazando mis dedos con la mano de ese hombre que se había colado bajo mi piel.
— Hasta mi último suspiro de vida estaré cuidando tus pasos - cerré los ojos, con mi alma vibrando en sintonía con la de mi príncipe espectral.
Los dedos temblorosos de la otra mano… comenzaron a estirarse hacia la oscuridad.
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En el otro lado del Continente, las cosas estaban a punto de salirse de control.
— ¡¿William, cómo te atreves a desafiar a tu líder?!
— Tú no eres el Alfa aún, muéstranos al Alfa o a mi padre, el Sacerdote … ¡Danos una prueba de que no mientes!
Rodeado de la multitud enojada y los guerreros empujados por el Beta William, el traidor de la Manada Alta del Sur, se veía acorralado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...